Madrid.- La revolución interior de Adriana Lima, una de las ángeles más famosas de Victoria’s Secret,  culminó con su anuncio de que no volverá a desfilar para la firma de lencería que la ha encumbrado como una de las grandes. Un tramo del más reciente desfile se convirtió en homenaje a esta modelo, que ha contribuido con su presencia a hacer aún más grande este evento, que va más allá de la moda y que mueve muchos millones de espectadores y de negocio.

Se veía venir: La top model, de 37 años, y que llevaba desde 1999 desfilando para la firma de lencería, contaba el pasado diciembre que había recibido una oferta para “filmar un video sexy” con el fin de publicarlo y compartirlo en las redes sociales. Pero esta vez dijo no. “No volveré a quitarme la ropa por una causa vacía”, sentenció.

“Aunque he hecho muchas cosas de este tipo, algo cambió en mí cuando una amiga se me acercó para decirme que no estaba contenta con su cuerpo y me hizo pensar”. Lima ha admitido  que todos los días se levanta preocupada por su aspecto, pensando en cómo se ve y en si dicho aspecto resultará aceptable en su trabajo.

“En ese momento me di cuenta de que la mayoría de las mujeres probablemente se despierten todas las mañanas tratando de encajar en un estereotipo que la sociedad, los medios de comunicación y la moda imponen”, continúa la modelo, que pensó que “no es forma de vivir” y que no es “física y mentalmente saludable”. “Así que decidí hacer ese cambio, no volveré a quitarme la ropa por una causa vacía”, ratifica.

“Estoy cansada de las imposiciones, nosotras, como mujeres, no deberíamos continuar viviendo en un mundo con tales valores superficiales. No es justo para nosotras, y más allá de la justicia, es insano física y mentalmente cómo la sociedad nos impone cómo debemos ser, cómo debemos comportarnos, cómo debemos estar físicamente… Quiero cambiarlo, en nombre de mi abuela, de mi madre y de todas mis antecesoras que hayan sido etiquetadas, presionadas e incomprendidas”.

“Yo haré ese cambio y comenzaré por mí. Me niego a seguir. Estoy cerca de ti, a tu lado. Vamos a cambiar el mundo”. Ahora acaba de cumplir su promesa bajándose para siempre de la pasarela que es el sinónimo del culto al cuerpo, de la dictadura de las medidas perfectas.

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