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De los Ángeles a los Demonios. Feminismo: El camino hacia la igualdad y la no discriminación

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Dra. Denisse de los Ángeles Uribe Obregón

Magistrada del H. Tribunal Superior de Justicia

En diversas ocasiones, desde este artículo semanal se han abordado temas relacionados con la equidad y la no discriminación, como un esfuerzo por visibilizar las brechas de género que prevalecen en nuestro país y en el resto del mundo, pues si bien en las últimas décadas se han logrado importantes avances legales en favor de la igualdad formal y material, aún existen deudas históricas y retos pendientes para el feminismo a nivel mundial, por ello es importante participar constantemente en la construcción de espacios que reflejen la situación actual y contribuyan a derribar las desigualdades existentes.

Para entender el feminismo es necesario desprenderlo de prejuicios, Naciones Unidas lo define como un movimiento que defiende la igualdad de derechos sociales, políticos, legales y económicos de la mujer respecto del hombre, por otro lado, el Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad Libre de Berlín, señala que el movimiento feminista surge como consecuencia de la conciencia de las mujeres respecto de su estatus de subordinación frente al hombre.

Lo anterior como resultado de construcciones sociales patriarcales regidas por la dominación y el liderazgo masculino, reflejado principalmente en las relaciones de poder y en el control de la propiedad, en este sentido, tomar conciencia de esta opresión se considera uno de los principales logros del feminismo del siglo XX, sin embargo, las huellas ideológicas de este inequitativo sistema aún persisten y se resisten a desaparecer.

La historia del feminismo puede describirse a través de la metáfora de las olas del mar, pues a pesar de que van y vienen, son irrepetibles y algunas impactan con mayor fuerza que otras, esta alegoría fue empleada por primera vez por la periodista Martha Weinman Lear en 1968, en la actualidad algunas autoras identifican tres olas, mientras que otras señalan la existencia de cuatro, sin embargo las clasificaciones varían de acuerdo a las características económicas, sociales y políticas de las regiones y naciones.

Por cuanto hace a nuestro país, la historiadora Gabriela Cano señala que la primera ola del feminismo inició con el Congreso Feminista de 1916 que tuvo lugar en Yucatán, el cual visibilizó la deuda histórica de México hacia las mujeres, durante este periodo se logró el reconocimiento de derechos como el sufragio activo y pasivo, el cual a la vez fue conductor de otros como la igualdad jurídica reconocida en el artículo cuarto constitucional a partir de la reforma realizada en 1974.

El comienzo de la segunda ola se relaciona con el ascenso del multiculturalismo y la diversidad sexual, sin embargo es hasta la tercera ola que tiene lugar durante la transición del siglo XX al XXI, cuando la lucha se enfoca en romper los estereotipos y roles de género, construyendo un feminismo inclusivo e incluyente; finalmente la cuarta ola se asocia al ciberfeminismo, es decir a la lucha por la igualdad de género a través del activismo digital.

Resulta complejo estructurar al feminismo por etapas, toda vez que, es un movimiento intergeneracional, sin embargo, interpretarlo de esta manera nos ayuda a comprender las luchas y conquistas de las generaciones que nos antecedieron, visibilizando lo que nos falta por hacer, pues aún tenemos muchos retos pendientes en este camino hacia la igualdad y la no discriminación.

Continuar con el legado de lucha y transformación no es una tarea exclusiva de las mujeres, también es deber de los hombres y de las personas con identidades de género distintas; la participación y aportación de todas y todos nos ayudará a construir sociedades más libres y seguras para las generaciones presentes y futuras.


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De los Ángeles a los Demonios. Normativa internacional en materia de violencia de género

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Dra. Denisse de los Ángeles Uribe Obregón

Magistrada del H. Tribunal Superior de Justicia

La historia nos ha enseñado que las mujeres y los hombres no siempre hemos gozado de igualdad jurídica, la igualdad en derechos es una victoria relativamente reciente, tanto a nivel internacional como en nuestro país; las primeras generaciones de derechos humanos no consideraron al género femenino, en este sentido se advierte que cuando se comenzó a debatir acerca de los derechos del hombre y del ciudadano, la mujer no estaba incluida.

Las luchas emprendidas para lograr el reconocimiento de los derechos de las mujeres, comenzaron a rendir frutos en el siglo XX a través de la publicación y adopción de instrumentos internacionales que recogieron el anhelo de justicia e igualdad, ideales que con el paso de los años se han incorporado al derecho interno de los estados.

Para entender la lucha de las mujeres por la igualdad y por el reconocimiento de derechos, debemos partir reconociendo que el género femenino históricamente ha sido víctima de discriminación; a la mujer se le discrimina cuando se le brinda un trato diferente y desigual, colocándola en desventaja respecto de los hombres, por lo tanto la violencia debe ser interpretada como una forma extrema de discriminación.

Lamentablemente en todo el mundo las mujeres son víctimas de maltrato, sin embargo, Naciones Unidas señala que en los países de renta baja y renta media la violencia de género es más desproporcionada; en América Latina el 25 % las mujeres sufre o ha sufrido algún tipo de violencia de género.

La Organización Mundial de la Salud estima que a nivel mundial una de cada tres mujeres ha sido víctima de violencia física o sexual desde que es muy joven; el grupo etario como mayores tasas de violencia comprende a las jóvenes de entre 15 y 24 años.

Desde el ámbito internacional se ha entendido a la violencia contra las mujeres como una forma de discriminación por razón de género enraizada en todos los países, por ello uno de los principales objetivos de Naciones Unidas desde la adopción de su Carta Fundacional ha sido fomentar la cooperación internacional para lograr el respeto a los derechos y libertades fundamentales de todos, sin distinción.

El primer instrumento internacional orientado a lograr tal propósito es la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación de la Mujer (CEDAW), aprobada por la Asamblea General de la ONU el 18 de septiembre de 1979 y ratificada por nuestro país el 23 de marzo de 1981; este documento es considerado la carta internacional de los derechos de las mujeres.

La convención consta de 30 artículos, dentro de los cuales se reconocen derechos a la igualdad, integridad personal, participación política, nacionalidad, entre otros; a través de este instrumento los estados partes se comprometen, entre otras cuestiones, a adoptar medidas legislativas para prohibir todo tipo de discriminación contra la mujer y establecer la protección jurídica a sus derechos sobre una base de igualdad con los del hombre.

El artículo 17 de la convención establece la conformación de un Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer, integrado por mujeres de gran prestigio moral; actualmente la destacada académica Leticia Bonifaz Alfonso representa a México dentro de este grupo de expertas.

Las facultades y funcionamiento de dicho comité se encuentran especificadas en el Protocolo Facultativo de la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, adoptado por la Asamblea General el 6 de octubre de 1999 y ratificado por México el 15 de marzo de 2002, este documento constituye una garantía para el cumplimiento de los compromisos y obligaciones adquiridas por los estados.

A nivel regional, la Organización de Estados Americanos (OEA), impulsó la creación de la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer (Belém Do Pará), la cual entró en vigor el 28 de marzo de 1996 y fue ratificada por México el 12 de noviembre de 1998.

La importancia de tal instrumento radica en que es el primer Tratado Internacional en materia de Derechos Humanos que aborda de manera específica la violencia contra las mujeres, consagrando el derecho a una vida libre de violencia tanto en el ámbito privado como en el público a través de la incorporación de mecanismos de protección y defensa.

La erradicación de todas las formas de discriminación en contra de las mujeres representa una de las principales aspiraciones de la comunidad internacional; eliminar las conductas que atenten contra los derechos humanos y los principios de igualdad y la no discriminación debe ser prioridad de todos los estados para construir sociedades más igualitarias y libres de todo tipo de violencia contra las mujeres.


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Palabra de Mujer. Autonomía corporal, el derecho a decir que no.

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Mtra. Lilia Christfield Lugo. Catedrática y asesora de Congreso del Estado de Veracruz.

A casi la mitad de las mujeres en 57 países en desarrollo se les niega el derecho a decidir si desean tener relaciones sexuales con sus parejas, usar anticonceptivos o buscar atención de la salud. Las vulneraciones incluyen la violación, la esterilización forzada, las pruebas de  virginidad y la mutilación genital femenina.
La autonomía corporal es el poder y la capacidad para tomar decisiones sobre nuestros cuerpos, sin temor a la violencia o a que alguien más decida por nosotros. Esta falta de autonomía corporal tiene implicaciones enormes más allá de los grandes perjuicios para las mujeres y las niñas en lo individual: una potencial depresión de su productividad económica, el menoscabo de sus habilidades y los costos adicionales resultantes para los sistemas judiciales y de atención de la salud.

Informes recientes de la Organización de las Nacionaes Unidas, revelan que sólo el 55 % de las mujeres están totalmente empoderadas para tomar decisiones relacionadas con la atención de la salud, la anticoncepción y la capacidad para decir sí o no a tener relaciones sexuales, pero únicamente el 71 % de los países garantizan el acceso a servicios de maternidad integrales. El 75 % de los países incorporan legalmente un acceso pleno y equitativo a la anticoncepción. Y alrededor del 80 % de los países tienen leyes que apoyan la salud y el bienestar sexuales.

El hecho de que casi la mitad de las mujeres aún no puedan tomar decisiones acerca de si desean o no tener relaciones sexuales, usar anticonceptivos o buscar servicios de salud, debería indignarnos a todos por que en esencia, millones de mujeres y niñas no son dueñas de sus propios cuerpos. Pero también hay otras maneras en las que se vulnera la autonomía corporal de mujeres, hombres, niñas y niños; algunos países tienen leyes que obligan a casarse con el violador, lo que significa que un hombre puede escapar de un proceso penal si se casa con la mujer o niña que ha violado, o algunos otros no cuentan con legislación que aborde el problema de la violencia sexual durante las relaciones de pareja (la violación por parte de un cónyuge). Y varios otros restringen el derecho de las mujeres a desplazarse fuera del hogar. Las niñas y los niños con discapacidad tienen casi tres veces más probabilidades de padecer violencia sexual, y las niñas son las que corren el riesgo más alto.

 La negación de la autonomía corporal es una violación de los derechos humanos fundamentales de las mujeres y las niñas que refuerza las inequidades y perpetúa la violencia derivada de la discriminación por razón de género, debemos hacer valer nuestro derecho a decidir sobre nuestro cuerpo, y ejercer nuestro poder de decir que sí y nuestro derecho a decir que no.

[email protected] invito a que me sigan en mis redes sociales. Facebook: Lilia Christfield Lugo. Instagram y Twitter:@lilichristfield   Hasta la próxima.


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LA MUJER EN LA LUCHA ELECTORAL

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Por Leonardo Zaleta.

Cronista de Poza Rica.

Allá por diciembre de 1900, el periódico La Voz de Nuevo León  no era muy comedido con las mujeres que jugaban billar, toreaban o pedaleaban bicicleta, llamándolas “marimachas”. El presidente Cárdenas intentó otorgarles el voto en 1937.

La segunda guerra mundial ensangrentó Europa y Asia entre 1939-45; y socavó la supremacía del hombre resultado de un proceso histórico. Fue la coyuntura donde las mujeres, sujetas a severas exclusiones se apoderaron de las plazas vacantes. De amas de casa y trabajadoras domésticas, hábilmente forzaron su inserción en las artes, el deporte, la educación superior, la ciencia y la técnica lo que acortó la marginación. Alemán en 1946 les concedió el voto en elecciones municipales.

Con la marcha de los tiempos el mercado de trabajo les quedó rabón. Su sexto sentido las incrustó en la complejidad del tejido social y los procesos productivos. Ya empoderadas no hubo fuerza capaz de hacerlas retroceder. Monopolizaron plazas que requerían habilidad más que fuerza.

Los conceptos bienintencionados de Melchor Ocampo, autor de la epístola matrimonial del siglo XIX, donde recomendaba que el hombre diera a su esposa “dirección, apoyo, alimento”, y que la mujer “prestara obediencia, asistencia, consejo y consuelo a quien era su sostén y defensa”, quedaron obsoletos.

México registró un avance vertiginoso, cuando en 1954, a iniciativa del presidente Ruiz Cortines la mujer adquirió el derecho al sufragio. Dejaron de ser ciudadanas de segunda, aunque algunos establecimientos no quitaron de sus puertas el letrero que prohibía la entrada a “mujeres, uniformados y limosneros”.

Causaron sorpresa algunas designaciones interpretadas como triunfo feminista en la política y la administración pública: la respuesta a un informe de Díaz Ordaz (1964-70), por Luz María Zaleta de Elsner, diputada por Quintana Roo, Hilda Anderson Nevárez, senadora por Campeche y Alicia Arellano Tapia por Sonora, en ese sexenio la elección de Griselda Álvarez como gobernadora de Colima, por capricho de su condiscípulo Luis Echeverría (70-76). López Portillo designó a Rosa Luz Alegría, secretaria de Turismo. En 1994, por designio de Miguel de la Madrid, María de los Ángeles Moreno fue presidenta de la gran comisión en la Cámara de Diputados. Y ese año, Rosario Robles fue jefa del DDF, cuando Cuauhtémoc Cárdenas inició la campaña presidencial contra Ernesto Zedillo.

Estas decisiones cupulares tendenciosamente aparecieron como estrategias exitosas. A nivel estatal, los gobernadores adoptaron la innovación. En Teocelo, Veracruz, mediante elección, la distinguida dama Angelina Cerecedo Castillo asumió presidencia municipal, en 1955, siendo gobernador Marco Antonio Muñoz.
La condición feminista sobrepuso su pasado de ostracismo y se proyectó en tribunales, diplomacia, periodismo, cátedra, dirigencia partidista, etc. Como quiera que haya sido, el feminismo rompió la atadura “matrimonio-maternidad-hogar”, lo que le deparó libertad y autonomía económica, derechos, obligaciones y convicción para asumir un papel protagónico como grupo socio-cultural.

Pero las reacciones se han producido de distinta manera e intensidad. Varios grupos de presión rechazan “la igualdad”, empeñados en conservar la cultura del machismo. No pueden aceptar que la mujer es una fuerza opuesta pero complementaria, desde la antigüedad. La secuela mortífera ha rebasado los cuerpos de seguridad.

El primer caso escandaloso se conoció en agosto de 1995 en Ciudad Juárez, y se expandió a Mexicali, Matamoros, Tijuana y Nuevo Laredo, coto de las maquiladoras que emplean mano de obra dócil y barata. Se acreditó a criminales en serie, a sectas satánicas, a “juniors” que acaparan el morbo y la condena mediática. Pero el rastro conduce a las industrias contaminantes que usan químicos altamente tóxicos en detrimento de la salud de las obreras lo que les provoca abortos, malformaciones y la procreación de criaturas con espina bífida, todas ellas habitantes de casas de cartón en colonias marginadas, explotadas desde los catorce años y en peligro de muerte.

En estos centros de trabajo la organización sindical ha sido reprimida de manera sangrienta. Los montos que tendrían que erogar las transnacionales por sueldos, prestaciones justas, indemnizaciones, condiciones de trabajo dignas, accidentes, jubilaciones y defunciones, es una línea de investigación que no debe desecharse, ya que hasta la fecha, sólo hay indignación, morbo, desaciertos, impunidad y protesta colectiva.

Si bien es cierto que el padrón electoral está integrado por un porcentaje mayoritario de mujeres, la perspectiva correcta es que los candidatos no deben escogerse por sexo sino por posibilidades de triunfo.

En la campaña electoral del 2000, Vicente Fox, en un alarde incluyente comenzó a invocar a los mexicanos y mexicanas, maestros y maestras, empleados y empleadas, al desconocer que en español el masculino engloba los dos géneros. Incluir el término femenino sonó bien: la moda cundió. El caso es que el hartazgo propició el desahucio del PRI de Los Pinos. Esta apertura fortaleció el feminismo, empañado por el protagonismo y ambiciones presidenciales de Martita Sahagún.

La Carta Magna establece que el varón y la mujer son iguales ante la ley (considerando que  hay países, algunos musulmanes, donde la mujer está negada de los más elementales derechos).

La paridad garantiza que hombres y mujeres tengan una representación igualitaria en cuanto a candidaturas a legisladores federales y locales, se otorgó paridad en el registro de presidente, sindicaturas y regidurías de ayuntamientos, así como en el gabinete presidencial, el Poder Judicial Federal y de los estados, o en los organismos autónomos.

La Ley General de Organizaciones y Procedimientos Electorales ordena a los partidos políticos integrar las fórmulas para candidaturas a diputados y senadores con personas del mismo género y encabezadas alternadamente entre mujeres y hombres cada período electivo.  El fin es conquistar el justo equilibrio, el ideal igualitario en los espacios de poder público.

Estas reformas que hacen tambalear paradigmas establecidos, no reivindican derechos perdidos, otorgan espacios hasta hace poco vedados. Los colectivos feministas exigen además un alto a los feminicidios, violaciones, secuestros y comercio sexual, despenalización del aborto, matrimonios igualitarios, respeto a la comunidad LGBTI, etc.

La época de la estructura corporativa que caracterizó al partido oficial nos dejó una valiosa experiencia: la burocracia sindical de cada sector manejaba su cuota de poder. Cuando los candidatos seleccionados por compromisos gremiales eran mediocres, los electores los rechazaban y los partidos tenían que pagar los costos políticos.

La planilla municipal estructurada  a la luz de la permisividad electoral es complicada y para el elector no pasa los estándares de aceptación. No puede asignarse la candidatura de una mujer en un estado o en un distrito electoral drásticamente. La diversidad de circunstancias puede hacerla idónea o no.

En México, país de la simulación, se presenta la paridad como la meta de una sociedad demócrata, incluyente e igualitaria, lo que no deja de ser un engendro jurídico-político con perfiles demagógicos, cuyos resultados no cuajan como palanca de modernidad, justicia y apertura.

La política no es una ciencia exacta, en la arena electoral dos más dos no son cuatro. Estas cifras no las mide la aritmética sino la historia, la economía, la sociología, la estadística y la política, acotadas por oportunidad y circunstancias.

 El fortalecimiento del sector femenil pasa por replantear su postulación en la lucha electoral con el diseño de otros mecanismos de selección, participación y ascenso. La carrera partidista o el servicio público, aunadas a las capacidades individuales, pueden construir una imagen pública competitiva. Es un disparate proponer a quien tiene correligionarios de más mérito o adversarios mejor posicionados.

El problema se ha focalizado como la llegada de más mujeres a los ayuntamientos o las cámaras, como si la participación exacta de 50 % de ambos sexos fuera garantía de acierto o de justicia.

Es una perspectiva imperfecta, olvidar que la paridad de género está sujeta finalmente a las preferencias del votante. La ley y los partidos pueden auspiciar el igualitarismo, pero la respuesta contundente es de la ciudadanía. Tan así es, que la Cámara de Diputados no está conformada por mitad hombres y mitad mujeres, a pesar de la ley.

Millones de mexicanos rechazamos la misoginia y la discriminación por etnia, condición social, escolaridad, edad o civil, sexo, porque son formas de injusticia, y nos asquean los agravios infligidos a las mujeres sea físico, moral, económico, psicológico, por condición de salud, embarazo, o preferencias sexuales. No por eso soslayamos que las mujeres deben avanzar por su capital político, trayectoria, probidad, vocación de servicio, que es el mejor aval para escalar en la función pública; no por concesiones o frivolidades.

En Poza Rica, tenemos un ejemplo elocuente y desafortunado: En la contienda municipal de 2018 se dio el caso de que después de algunos titubeos del tricolor, en la recta final triunfó la “paridad de género” y el día de la elección perdió la candidata Diana Álvarez.

Algunas páginas recientes de la historia consignan que en distintas épocas y circunstancias,  mujeres sobresalientes en el quehacer político han sido: Indira Gandhi (India. 1966-1977). Margaret Thatcher (Gran Bretaña, 1979-1990). María Corazón Vda. de Aquino (Filipinas. 1986 – 1992). Chile, Michelle Bachelet. 2006-2010 y 2014-2018.

Dentro de este ramillete destaca la química Ángela Merkel, canciller de Alemania (la economía más fuerte de Europa), quien de 2015 a 2021 gobernó con humildad, firmeza y valores, adquiriendo reputación de poderosa, respetada y querida. Obviamente, una de esas mujeres vale por muchos hombres.

Curiosamente, la legislación en estos países no menciona la “equidad de género”. ¿Alguien se atrevería a calificar a estas distinguidas damas  de ignorantes, subestimadas, oprimidas o marginadas? La inteligencia, capacidad, experiencia y visión, constituyen una sinergia imponente  que derrumba moldes y prejuicios. El sexo no es obstáculo.

¿Esta exótica flor llamada “paridad de género”, se cultivará en otros países con poderío económico y culturas milenarias como E.U., Rusia, China, Arabia, Egipto, Grecia o Japón? La paridad, cuando no cuenta con una candidata de nivel competitivo camina a ciegas por la rampa del fracaso.


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