Olvidan propuestas, se acusan mutuamente de corrupción

Ciudad de México.- Contrario a la expectativa que había generado, el último debate presidencial quedó a deber a los mexicanos al enfocarse en ataques mutuos en lugar de dar a conocer cómo van a sacar de la pobreza a casi 50 millones de mexicanos que registra el Inegi.

El candidato panista Ricardo Anaya destapó que Andrés Manuel López Obrador asignó contratos directos durante su paso por la jefatura de Gobierno de la Ciudad de México, uno de ellos por 170 millones de pesos, además de que vinculó a sus colaboradores en el caso Odebrecht.

“Contesta sin chistes, sin payasada, sí o no, cuando fuiste jefe de Gobierno, a Rioboó le entregaron contratos, por asignación directa, sin licitación, sin concurso, por 170 millones de pesos”, inquirió Anaya al tabasqueño.

El puntero en las encuestas lo negó, se trabó y, finalmente, remató con un: “No soy corrupto”.

Después, Anaya sacó una foto de López Obrador con el Presidente Enrique Peña Nieto, lo que usó para volver a enfatizar en la creación de un pacto, en que “en su obsesión por la presidencia”, perdonará a Peña.

Por su parte, el abanderado del PRI, José Antonio Meade Kuribreña hizo hincapié en los señalamientos sobre lavado de dinero que pesan contra Anaya. “La sentencia penal le va a llegar y le va a llegar acusatoria”.

“El Bronco” quiso ser el bufón de la noche al llamar al panista y a López Obrador a darse un beso, o al decir que con el Facebook Bronco Investigation ya tiene su propio FBI. También tildó a sus rivales de “tercia maldita” y los culpó de los problemas actuales en México.

López Obrador dejó claro que cancelara la reforma educativa: “Para que quede claro. Voy a utilizar mis facultades como titular del Ejecutivo, tengo que enviar la iniciativa al Congreso, pero a lo que nosotros corresponde políticamente, la decisión que hemos tomado es que se cancela la mal llamada reforma educativa, que no es en realidad una reforma educativa”, expresó.

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