Las Choapas, Ver.- Para poder comprar huachicol en la franja de oro entre Tabasco y Veracruz, no se puede llegar solo. Se necesita una invitación, un padrino que te presente y, con el tiempo, así se puede llevar a otra persona, explica un conductor de Las Choapas, que pide guardar su identidad.

Aunque pareciera redituable, él ya no carga huachicol no por el peligro, sino porque no le resulta un ahorro. Salir del parque Benito Juárez hasta el entronque con la carretera libre, en la zona conocida como La Ceiba, implica un viaje de 33 minutos y 27.5 kilómetros, sólo de ida.

La garrafa de 200 litros está aproximadamente en 25 mil pesos, aunque la inflación, aunque no lo crean, también le ha pegado a este sector ilegal, pues el combustible ilegal también ha subido de precio hasta cotizarse en unos 280 pesos, es decir, a 14 pesos el litro.

El ahorro que una persona de Veracruz, que viaja casi 60 kilómetros ida y vuelta para cargar huachicol para un tanque lleno (de 50 litros) y dos garrafas de 20 litros, es de unos 400 pesos. Mil 260 en el mercado negro contra mil 672 pesos al precio actual de la magna en Las Choapas, que está en 18.58 el litro.

“El problema es la calidad, por 400 pesos que te ahorras, en seis meses te echas los filtros, o un motor de 15 mil pesos, yo por eso ya no compro, porque a medio camino ya notas que se viene cascabeleando el coche”, confiesa el conductor de un vehículo austero.

Y es que hasta en el huachicol hay niveles. Está el huachicol que sale de los ductos, de aquellas tomas clandestinas de las líneas de Pemex que cruzan Tabasco y Veracruz, pero se trata de nafta sin refinar, una especie de gasolina sucia. Obviamente el filtro es el que sufre al final por el bajo octanaje y la alta cantidad de impurezas.

En cambio, hay vendedores que ofrecen producto “del bueno”, se refieren a los que vienen de las pipas robadas, de la gasolina que ya se refinó y se transporta en este tipo de vehículos. Esa gasolina vendría siendo la misma de la gasolinera habitual.

La primera vez que el comprador fue, se espantó de lo evidente del negocio. Le preguntaron quién lo había recomendado, y después de varias cargas le dieron la confianza de que invitara a otras personas, “porque si vas así nada más, no te venden”.

En una ocasión, hace ya muchos meses incluso vio patrullas de la Policía Federal que iban por su cuota o por su carga, así como de otras policías. En el retén de soldados que hay por la fitozoosanitaria, con darle un billete de baja denominación a quienes revisan, se hacen de la vista gorda para que pasen con garrafas. Ya nada más cuando hay operativos, los mismos uniformados les recomiendan no decir que traen huachicol o ya no llevar garrafas.

La venta de gasolina robada en esa franja de Tabasco era tan evidente como si vendieran plátano, cacao y pejelagarto a orillas de la carretera, que resultaba inimaginable que las fuerzas federales no estuvieran enteradas.

Apenas en abril de 2018 explotó una huachicolera a menos de 50 metros del puente que va a La Venta y de la carretera Coatzacoalcos-Cárdenas. Gente de Pemex y fuerzas federales llegaron a observar, pero no intervinieron de más para evitar algún enfrentamiento, pues en este negocio se involucran familias enteras, mujeres y niños incluidos.

Así ocurrió con aquella otra tragedia, pero en abril del 2015, cuando pobladores de Palo Mulato sacaban gasolina en cubetas de una pipa, según accidentada, aunque posteriormente se dijo que el accidente había sido provocado para extraer el combustible. Aunque llegaron bomberos para arrojar espuma que evitara un incendio, fueron corridos a pedradas y luego vino el flamazo que mató a 22 personas, en el lugar o en el hospital a consecuencia de las quemaduras graves, entre ellos también menores y mujeres.

La presencia de huachicoleros es algo común y conocido en esa zona de Tabasco, pero sobre todo, permitido. Este miércoles hubo un megaoperativo de las fuerzas federales, pero se desconocen los resultados y los vendedores de combustible tampoco se dejarán tan fácil, no mientras haya compradores, muchos de Las Choapas, todavía dispuestos a recorrer la carretera para comprar combustible, con suerte, que sea de pipa, a 14 pesos el litro, a precios del 2015.

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