Arnulfo, un hotdoquero de la Nueva del Río, entró a rescatar a una profesora jubilada, pero cuando salían la explosión los alcanzó y se debaten entre la vida y la muerte

Agua Dulce, Ver.- “Ayuda, mi esposa está adentro”. Arnulfo Sánchez González vio cómo el maestro Gregorio Flores corrió despavorido hasta la acera, en la calle Rafael Hernández Ochoa, en la Nueva del Río. Pese a que el ambiente se saturó de gas, Arnulfo no lo pensó dos veces, abandonó su puesto de hot dogs, aquel que desde hace muchísimos años monta cayendo la tarde para mantener a su familia honradamente. El hombre, de unos 40 años, sorteó al maestro jubilado, entró a la casa, ubicó a la señora Rosario, la cargó en la espalda y cuando casi alcanzaba la calle una chispa de quién sabe dónde marcó la sentencia de los dos, el salvador y la salvada; la onda expansiva laceró su piel, les quemó hasta el alma.

Eran como las 6:30 de la tarde del sábado, el sol ya se había puesto y Arnulfo había despachado varias salchichas, pues desde las 5:00 —como cada día— ya había remolcado su carrito desde su casa, ubicada a unos metros de esta transitada esquina.

Pero hora y media más tarde la tranquilidad se rompió. El maestro jubilado Gregorio Flores salió pidiendo ayuda porque había una fuga de gas en su vivienda. Su esposa Rosario, de 60 años, todavía estaba al interior, pues estaban durmiendo una siesta vespertina.

Arnulfo hizo lo que casi nadie hubiera hecho en una sociedad actual caracterizada por la falta de empatía e indolencia hacia los problemas ajenos, dejó su asador y corrió lo más rápido que pudo para sacar a doña Charito, pero justo en ese minuto explotó el gas acumulado.

Afuera como testigos silentes quedaron parados tres cilindros, entre ellos el naranja, con capacidad de 20 kilogramos, que como única huella de la violenta explosión tiene una marca chamuscada en su piel de metal, mientras que el hotdoquero y la profesora jubilada no pudieron resistir de la misma forma el calor abrasador.

De acuerdo con datos de los cuerpos de emergencias, ambos sufrieron quemaduras de seguro y tercer grado prácticamente en todo el cuerpo. “De pies a cabeza”, aseveraron los socorristas. La Comisión Nacional de Emergencias (CNE) fue la encargada de trasladarlos al hospital de Pemex, pero ante la gravedad de las heridas fueron llevados a Coatzacoalcos; la maestra al IMSS, mientras que Arnulfo fue ingresado al hospital comunitario “Valentín Gómez Farías”.

Para este domingo la profesora y el vendedor de comida seguían en terapia intensiva. Arnulfo tuvo que ser trasladado a Veracruz para una mejor atención en la unidad de heridos por quemaduras, sobre todo el rostro es el que tiene más daño; su familia está preocupada, pues además son de recursos limitados.

Arnulfo está casado y es padre de tres hijos. Es un héroe, pero también es víctima. Las oraciones de su familia y amigos se concentran en pedir que este hombre se salve, uno al que no le importó arriesgarse con tal de ayudar a otros en peligro, aunque ahora se debaten entre la vida y la muerte.

Por Violeta Santiago