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LA NAVE DEL OLVIDO

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Por Leonardo Zaleta

Cronista de la ciudad

Vanguardia de Veracruz

Los periódicos y noticieros dieron amplia cobertura al escándalo ocurrido el 15 de marzo de 1970, en el Teatro Ferrocarrilero, donde se celebró el II Festival de la Canción Latina (OTI).

El jurado calificador otorgó el primer lugar a Claudia, de Brasil, el segundo a Mirla, de Venezuela, y el tercero a José José de México, que interpretó magistralmente la canción “El Triste” del maderense Roberto Cantoral, (venganza contra el autor de La barca, El reloj, Regálame esta noche, éxitos diez años atrás), lo que provocó la aversión del público.

En sus butacas aplaudían a rabiar Marco Antonio Muñíz, Alberto Vázquez, Angélica María y otros cantantes de moda. Protestaban porque le habían robado el primer lugar al barítono de fuerza interpretativa y sensibilidad sin parangón. Salieron convencidos que habían presenciado el nacimiento de un ídolo.

En Xalapa, la señora Virginia Cordero Florencia, tuxpeña de origen y esposa del gobernante Rafael Murillo Vidal, comisionó a su amigo y paisano Ángel Álvaro Peña, jefe de la oficina de Hacienda del Estado en Poza Rica, para que contratara al cantante víctima de una chapucería.

Ofreció un concierto en el Teatro del Estado a beneficio del DIF, el 28 de marzo. La burocracia veracruzana adquirió el boletaje. El público curioso rebasó el aforo. En la cena ofrecida en casa de gobierno, Murillo Vidal le auguró una brillante carrera.

Ángel, que había sido el enlace, entabló una cordial relación con Pepe. Entusiasmado, proyectó una presentación en Poza Rica. Contagió a Heriberto Kehoe quien prestó el cine Hidalgo con aforo de 2,500 butacas, y Pánfilo López, a nombre del Club de Leones, aportó los gastos de operación.

Álvaro Peña fue por él en su automóvil a la ciudad de México. El apuesto ídolo de 22 años vino acompañado de su madre Margarita Ortiz Pensado y de su amigo del alma, el orizabeño Raúl Ortíz “El Chumo”. Los invitó a comer a su casa en la calle Municipio Libre, cerca de “La Rana Rosa” en la colonia Cazones. El evento se celebró exitosamente el sábado 11 de abril. Las ganancias se remitieron al DIF.

Ángel y su esposa llevaron a sus tres invitados a la ciudad de México. Los dejaron en el estudio de la compañía disquera.

El caso es que en Papantla, ese año de 1970, dos eran las guapas candidatas que se disputaban el reinado de la feria de Corpus Christi: Kikis Morgado y Estelita Bello.

Lamento no tener los recuerdos precisos después de 49 años, pero hilvanando algunos trozos, fue posible reconstruir este suceso.

La Unión Progresista de Obreros Petroleros Papantecos, presidida por Estanislao Meza Bustos, propuso la candidatura de Estelita. Integró el comité don Chicho Cisneros Jiménez y el señor Israel López Muñoz, se entrevistaron con el señor Luis Bello, padre de Estelita.

El Dr. Fausto Clemente Islas, Blas Milo, Máximo Nava y Leonardo Zaleta, los tres últimos veinteañeros, solteros sin compromiso, eran colaboradores. Se sumaron Yuyi Castro, Ángeles Cano Gutiérrez y otras amistades.

Estelita, hermosa, en la plenitud de sus veinte años, apenas en 1969 había concluido sus estudios en la Escuela Normal Veracruzana de la capital del estado, y el 1 de enero de 1970 inició su carrera docente en la escuela “María Gutiérrez” de Papantla.

Días después, cuando don Luis y su esposa dieron su anuencia, los integrantes del comité decidieron contratar un artista que fuera éxito de taquilla. El de moda era José José, había venido el mes anterior, pero al parecer no importaba. La feria de Corpus se celebra la segunda quincena de junio, ya no había mucho margen para buscar otra fecha.

Se entablaron las negociaciones con Rafael “Chel” Peraza Ancona, de la compañía Orbivox. La función se programó para la noche del 12 de mayo de 1970, en el monumental cine Hidalgo. Los boletos tenían un costo de 50 pesos, una fortuna.

A media mañana de ese día, una multitud se congregó en el campo aéreo de Pemex, frente al panteón de la Santísima Trinidad, para aclamar al ídolo del nombre repetido. La periodista Rosario Bagundo Reyes lo entrevistó.

Los vehículos en caravana trasladaron a Pepe y al Chumo a Papantla, donde el matrimonio formado por Luis Márquez y Caridad Pérez les ofreció unas exquisitas viandas en su hogar ubicado en la calle Rodolfo Curtí del Barrio de Santa Cruz. Pepe era de trato sencillo, parecía tímido, irradiaba simpatía.

Pronto se corrió la voz de que José José estaba en Papantla; la calle se llenó de gente, el cantante tuvo que asomarse al balcón para saludar a sus fans, incluso firmó algunos autógrafos. Hasta que la comitiva retornó a Poza Rica donde se realizaría el concierto de gala.

Ataviado con elegancia, el muchacho de la voz bien modulada y una respiración extraordinaria que había abierto un nuevo estilo con los finales largos en cada párrafo, derrochó carisma y talento. Cantó con pistas. Rengueaba ligeramente.

La taquilla se colapsó, la gente había gastado por el Día de las Madres, faltó publicidad, había venido un mes antes… No hubo quorum. Los del comité dejaron para el día siguiente el asunto de los honorarios.

Los adultos nos comisionaron a Maco Nava que era abogado, a mí y otro amigo, para que lo lleváramos a la zona de tolerancia en el kilómetro 50 de la carretera a Cazones y ahí, entre copa y copa, confesáramos nuestra insolvencia. Nos dotaron de exiguos recursos porque habían asimilado que se había fracturado la candidatura.

Entramos a un antro. Después de algunos tragos, “El Chumo” tocó las tumbas haciendo alarde de ritmo y enjundia aprovechando la música de dos marimberos. Se agotó, pero al regresar del baño estaba fresco como una lechuga. Pepe se limitaba a la bebida. Parecía abatido.

La charla se iba animando. Curiosos, preguntábamos por los inicios de su carrera y en un alarde de confianza, tal vez como catarsis, el vocalista acotado por “El Chumo”, nos regaló algunas confidencias sin ostentación ni arrepentimiento: su padre José Sosa Esquivel había sido tenor de ópera, padecía alcoholismo y se negaba a que su primogénito incursionara en el canto. Oírlo vocalizar atraía al niño, pero el padre a media borrachera maltrataba a Pepe y a sus hermanos. Eran vecinos de la colonia Clavería.

Margarita, su madre, soprano y concertista de piano, descubrió sus aptitudes y logró que, cuando tenía cuatro años, participara en la ópera “Madame Butterfly”, escenificada en el palacio de Bellas Artes. Lo alentaba para que aprendiera a tocar guitarra y saliera a dar serenata a las novias interpretando boleros de moda, costumbre todavía vigente a principios de los años 60.

La esposa, apenada por la dipsomanía de su cónyuge, cuando tenían visitas, extraía una buena porción de la botella de cola y la rellenaba con ron a fin de disimular la adicción. Algunas veces, el travieso José Rómulo sacaba del refrigerador la Coca-Cola adulterada y la probaba.

Nos platicó que cuando tenía 15 años, el padre los abandonó. Integró un trío con su primo Francisco Ortíz “La Changa” y su amigo Alfredo Benítez. Encontró trabajo en una litográfica, un lugar muy frío, y se trasladaba en bicicleta de ida y vuelta a pesar que estaba lejos.

Para cambiar de estilo incursionó en el Jazz y el Bossa Nova con el trío PEG. Iniciales de: Pepe (contrabajo), Enrique Herrera (piano) y Gilberto Sánchez (batería). Actuaban en bares como Semiramis, el Elefante Rosa, el Bamerete o el hotel Alameda. Desvelos, copas, mujeres y excesos para apaciguar todos los demonios que lo atormentaban.

Actuaban en el centro nocturno “Apache 14”, propiedad de Carmela y Rafael, cuando su amigo Alfonso Ontiveros (Guadalupe Trigo) llevó a Rubén Fuentes, director artístico de la RCA Víctor, para que lo escuchara. Su veredicto fue de aprobación; lo citó en la disquera, pero le prohibió actuar en bares. Su madre dejó de dar clases de música y abrió una cocina económica.

En 1969, su disco “Sólo una mujer”, con el nuevo nombre de José José, en alusión a su padre muerto de cirrosis en 1968 y a él, tuvo buena aceptación. Ese mismo año, la grabación de la canción “La nave del olvido” del compositor Dino Ramos, fue un éxito rotundo.

Ya estábamos montados en la segunda botella. Maco y yo bebíamos refresco de cola con agua mineral a fin de mantenernos lúcidos.

A mí me tocó decirle que no había dinero. “Hermano querido -me contestó-, yo ya me chingué, yo ya canté. Hablen a la compañía”.

Al filo del mediodía, Estanislao Meza llegó al hotel a entregar el producto de la taquilla y firmó unos documentos para cubrir el saldo. La trasnochada con José José, antes que lo bautizaran con el epíteto “Príncipe de la Canción”, fue una página licenciosa que por recato naufragó en el olvido.


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ALGO SOBRE EL MONUMENTO A LA MADRE

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Por Leonardo Zaleta.
Cronista de la ciudad.

Salvador Vidargas, el escultor que elaboró el Monumento a la Madre de Poza Rica, nació en San Miguel Allende, Guanajuato, en 1921. Perteneció a una familia de músicos y artesanos imagineros, dedicados a la elaboración de imágenes religiosas policromadas. Dominaba el arte del tallado en madera y el estofado con delgadas láminas de oro, y era un restaurador excelente. Cuando la familia se mudó a la Ciudad de México, su abuelo abrió un taller de escultura y restauración en la calle de Génova, esquina con Paseo de la Reforma. Trabajó para el pintor Jesús Reyes Ferreira, propietario de una tienda de antigüedades. Ahí comenzó el pequeño Salvador a amar la escultura, apoyado por su abuelo. Se apegó a la técnica tradicional y conservadora. Años después, se independizó  e instaló un  taller ubicado en la calle Río Po de la colonia Cuauhtémoc; era un semillero de estudiantes dedicados al tallado y la escultura. Sus primeros alumnos llegaban a las 7.30 de la mañana. Fue un hombre con una vocación depurada para el arte religioso y la restauración. De carácter humilde, paciente y cordial, don Salvador fue enemigo de la vanidad y la codicia. No hacía imágenes para adorno de residencias, prefería venderlas a menos precio a las iglesias, para que la gente les rezara.

Héctor García Solís, estudiante de topografía en la Ciudad de México, y directivo de la Juventud Revolucionaria de Poza Rica, se topó casualmente  con el taller de don Salvador en la capital. Con curiosidad, entró a plantearle la elaboración de un Monumento a la Madre para Poza Rica. Vidargas se entusiasmó. Entre santos y vírgenes, la figura venerable de la madre no se apartaba de su línea creativa.

Héctor, llamado cariñosamente “Popo” durante su infancia en Tuxpan, comentó lo acontecido en su viaje con sus compañeros: Arcadio Cázares Vázquez, Carlos Navarro Portes y Gonzalo Herrera Mar, el primero trabajador petrolero como él, y los dos restantes comerciantes.

Buscaron un terreno céntrico y cuando lo encontraron, Petróleos Mexicanos lo donó. Celebraron un baile el fin de año (1962) amenizado por la orquesta de Evangelina Elizondo en el Salón Corona, con lo que obtuvieron la mitad de los recursos. Pemex prestó el transporte y cuadrilla para trasladar la obra.

El monumento se inauguró el 10 de mayo de 1963, en la convergencia de la Av. Central Norte y el bulevar Lázaro Cárdenas. El maestro Homero Quiroz García pronunció una emotiva pieza oratoria.

El escultor, al ver que no le cubrían el saldo de 30 mil pesos, se entrevistó con el gobernador Fernando López Arias en Xalapa, pidiéndoles que los exhortara a cubrir el adeudo.

El enérgico gobernante que no le tenía buena voluntad a la ciudad de Poza Rica, ordenó al procurador de justicia Amador Toca Cangas, que los llamara la capital y cuando entraron a su despacho amenazó a los jóvenes revolucionarios y monumentales: “O pagan o van a la cárcel”. Fue el lacónico saludo y despedida. El procurador les concedió 30 días para liquidar el saldo.

Héctor y Arcadio, trabajadores petroleros, recurrieron a la Sección 30 para que solventara el adeudo, así fue como conservaron la libertad y el orgullo por haber erigido el Monumento a la Madre.

Don Salvador Vidargas murió en la Ciudad de México, el año 2002. Siempre se expresó con simpatía de los promotores de su obra plástica en Poza Rica, diciendo que eran “buenos muchachos”.


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De los Ángeles a los Demonios. Trascender a través de la enseñanza

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Dra. Denisse de los Ángeles Uribe Obregón

Magistrada del H. Tribunal Superior de Justicia

Desde 1918 se celebra en México el Día del Maestro, fecha instaurada en 1917 por decreto del entonces Presidente de la República, General Venustiano Carranza en conmemoración y gratitud hacia los profesionales de la educación, quienes a través de su trabajo diario forjan el presente y futuro de nuestro país.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo realizada por el INEGI en 2019, en México, hay un millón ciento noventa y siete mil setecientos setenta y ocho personas ocupadas como docentes en educación básica; la Secretaría de Educación Pública (SEP) señala que durante el ciclo escolar 2020-2021 el número de profesores a nivel licenciatura tanto en universidades públicas como en privadas asciende a trescientos sesenta y un mil ciento noventa y tres en todo el país.

La cantidad de maestros en México ha aumentado considerablemente en los últimos años, toda vez que el porcentaje de población que asiste a clases también ha incrementado. De acuerdo con datos del INEGI, actualmente el 94 % de niñas y niños de entre 6 y 14 años de edad asisten a la escuela, mientras que el porcentaje de jóvenes que estudian es del 45 %.

Sin duda, los maestros juegan un papel fundamental para evitar la deserción escolar, ya que, además de cumplir con el objetivo de enseñar, también desempeñan el papel de investigadores, asesores y guías; la motivación y la metodología empleada en las aulas influye exitosamente en los procesos de enseñanza-aprendizaje.

Aunado a estas importantes tareas, desde hace más de un año los docentes se han enfrentado al reto de la educación a distancia, realizando un gran esfuerzo para adaptar los planes de estudio al contexto social de cada uno de sus estudiantes, pues si bien algunos alumnos han tenido la oportunidad de continuar con sus clases en línea, no todos tienen acceso a las mismas herramientas tecnológicas.

De acuerdo con un informe realizado por el Banco Interamericano de Desarrollo y la Unesco, se calcula que en los países de Latinoamérica cerca de la mitad de la población estudiantil se ha quedado completa o parcialmente marginada de la educación a distancia, sobre todo en las poblaciones con mayor índice de pobreza, motivo por el cual en estos lugares el regreso a clases presenciales es urgente.

En este sentido, es preciso reconocer la gestión del Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, así como del gobernador de nuestra entidad, Ing. Cuitláhuac García Jiménez, quienes hicieron posible que los maestros veracruzanos recibieran la vacuna contra el COVID-19 durante el mes de abril, con el propósito de tener un retorno a las aulas seguro, situación que sin duda contribuirá a disminuir el rezago escolar, sobre todo en zonas marginadas.

Ser maestro requiere de vocación, actitud de servicio y mucha responsabilidad, quienes hemos tenido la fortuna de impartir clases sabemos el importante compromiso social que representa la labor docente; sin duda, la mejor manera de transformar a la sociedad es a través de la educación.

Desde este espacio, expreso mi reconocimiento y admiración a nuestras maestras y maestros, quienes se esfuerzan diariamente por sembrar en sus alumnos la semilla del conocimiento, además de motivarlos e inculcar en ellos valores, pensamiento crítico y responsabilidad social, acciones que les permiten  trascender a través de la enseñanza.


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De los Ángeles a los Demonios. Normativa internacional en materia de violencia de género

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Dra. Denisse de los Ángeles Uribe Obregón

Magistrada del H. Tribunal Superior de Justicia

La historia nos ha enseñado que las mujeres y los hombres no siempre hemos gozado de igualdad jurídica, la igualdad en derechos es una victoria relativamente reciente, tanto a nivel internacional como en nuestro país; las primeras generaciones de derechos humanos no consideraron al género femenino, en este sentido se advierte que cuando se comenzó a debatir acerca de los derechos del hombre y del ciudadano, la mujer no estaba incluida.

Las luchas emprendidas para lograr el reconocimiento de los derechos de las mujeres, comenzaron a rendir frutos en el siglo XX a través de la publicación y adopción de instrumentos internacionales que recogieron el anhelo de justicia e igualdad, ideales que con el paso de los años se han incorporado al derecho interno de los estados.

Para entender la lucha de las mujeres por la igualdad y por el reconocimiento de derechos, debemos partir reconociendo que el género femenino históricamente ha sido víctima de discriminación; a la mujer se le discrimina cuando se le brinda un trato diferente y desigual, colocándola en desventaja respecto de los hombres, por lo tanto la violencia debe ser interpretada como una forma extrema de discriminación.

Lamentablemente en todo el mundo las mujeres son víctimas de maltrato, sin embargo, Naciones Unidas señala que en los países de renta baja y renta media la violencia de género es más desproporcionada; en América Latina el 25 % las mujeres sufre o ha sufrido algún tipo de violencia de género.

La Organización Mundial de la Salud estima que a nivel mundial una de cada tres mujeres ha sido víctima de violencia física o sexual desde que es muy joven; el grupo etario como mayores tasas de violencia comprende a las jóvenes de entre 15 y 24 años.

Desde el ámbito internacional se ha entendido a la violencia contra las mujeres como una forma de discriminación por razón de género enraizada en todos los países, por ello uno de los principales objetivos de Naciones Unidas desde la adopción de su Carta Fundacional ha sido fomentar la cooperación internacional para lograr el respeto a los derechos y libertades fundamentales de todos, sin distinción.

El primer instrumento internacional orientado a lograr tal propósito es la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación de la Mujer (CEDAW), aprobada por la Asamblea General de la ONU el 18 de septiembre de 1979 y ratificada por nuestro país el 23 de marzo de 1981; este documento es considerado la carta internacional de los derechos de las mujeres.

La convención consta de 30 artículos, dentro de los cuales se reconocen derechos a la igualdad, integridad personal, participación política, nacionalidad, entre otros; a través de este instrumento los estados partes se comprometen, entre otras cuestiones, a adoptar medidas legislativas para prohibir todo tipo de discriminación contra la mujer y establecer la protección jurídica a sus derechos sobre una base de igualdad con los del hombre.

El artículo 17 de la convención establece la conformación de un Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer, integrado por mujeres de gran prestigio moral; actualmente la destacada académica Leticia Bonifaz Alfonso representa a México dentro de este grupo de expertas.

Las facultades y funcionamiento de dicho comité se encuentran especificadas en el Protocolo Facultativo de la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, adoptado por la Asamblea General el 6 de octubre de 1999 y ratificado por México el 15 de marzo de 2002, este documento constituye una garantía para el cumplimiento de los compromisos y obligaciones adquiridas por los estados.

A nivel regional, la Organización de Estados Americanos (OEA), impulsó la creación de la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer (Belém Do Pará), la cual entró en vigor el 28 de marzo de 1996 y fue ratificada por México el 12 de noviembre de 1998.

La importancia de tal instrumento radica en que es el primer Tratado Internacional en materia de Derechos Humanos que aborda de manera específica la violencia contra las mujeres, consagrando el derecho a una vida libre de violencia tanto en el ámbito privado como en el público a través de la incorporación de mecanismos de protección y defensa.

La erradicación de todas las formas de discriminación en contra de las mujeres representa una de las principales aspiraciones de la comunidad internacional; eliminar las conductas que atenten contra los derechos humanos y los principios de igualdad y la no discriminación debe ser prioridad de todos los estados para construir sociedades más igualitarias y libres de todo tipo de violencia contra las mujeres.


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