El auto modelo 1976 traslado a presidentes después de tomar posesión o al acudir al Congreso a rendir su informe

Ciudad de México.- Lo que parecer se una ejemplo más de abuso y corrupción quedó al descubierto al trascender la noticia de que el lujo auto modelo 1976 que Jimmy Carter, presidente de Estados Unidos, regaló a México y que aquí fue utilizado por diversos mandatarios, desapareció del lugar donde debería estar en la residencia de Los Pinos.

Aunque falta conocer una auditoría para depurar la lista de los supuestos faltantes y deslindar cuáles objetos pertenecen al gobierno y cuáles eran del menaje privado de Enrique Peña Nieto, esa “desaparición”  se agrega a la de muebles, obras de arte, edredones o los cubiertos antiguos de la época de Porfirio Díaz, como evidencia de que la rapiña no es exclusiva de las clases marginadas.

Fotografías a través de cuatro décadas dan cuenta que ese auto fue parte protagónica del llamado “Día del Presidente”, después de que el mandatario en turno tomara posición y cuando acudía al Congreso para rendir su Informe. En las imágenes aparece descapotable, sobrio, de carrocería reluciente. En él, los mandatarios iban de pie, mientras se abrían paso entre una multitud y los cubría una lluvia de confeti tricolor.

Ese vehículo sirvió para pasear a José López Portillo (1976-1982), Miguel de la Madrid (1982-1988) y Carlos Salinas de Gortari (1988-1994) cuando rindieron sus Informes de Gobierno, una fecha en la que se suspendían las labores, el Ejecutivo pronunciaba un discurso a veces de más de cinco horas y luego era transportado en el convertible de la Cámara de Diputados a Palacio Nacional.

 A Ernesto Zedillo (1994-2000), el Lincoln 76 lo paseó en su toma de posesión en 1994 en las calles aledañas al Palacio Nacional. Esa fue la última vez que los ciudadanos vieron al coche que con el paso del tiempo se envolvió en leyenda y misterio.