Ciudad de México.- Arrinconado por los diputados que le exigían que reconociera el fracaso de la Reforma Educativa impulsada por su antecesor en la SEP, Otto Granados Roldán se deslindó totalmente al responder de manera tajante: “No es mi reforma”. De esa manera, el actual titular de la dependencia puso el último clavo en el ataúd de otro de los proyectos estrella de Enrique Peña Nieto en su sexenio.

La comparecencia en San Lázaro se desarrollaba entre la abulia de los legisladores y del propio funcionario. Cuando respondía en la tribuna Granados Roldán se encontró un hilo en la manga izquierda de su saco. “Si comparamos con los últimos dos sexenios, la inversión en infraestructura es 327 por ciento más”, dijo mientras con el índice y el pulgar derechos jalaba el hilo, hasta que lo desprendió.

Atribuyó a los gobernadores, la falta de inversión para reducir las carencias de muebles, agua, energía eléctrica y bardas en los planteles del país. Hasta el pie de la tribuna, un grupo de diputados de Morena llevó pancartas contra la política educativa de este sexenio. Luego, clamaron: “¡Ya cayó, ya cayó, la reforma ya cayó!”

Adela Peña (Morena) le cuestionó que es difícil “presentarse a defender una política de Estado que, por decirlo gentilmente, ha fallado. Viene aquí a comparecer en este último año de gobierno a presentarnos datos optimistas, que dista de lo que viven millones”. Le preguntó: ¿Es mentira que la mitad de las escuelas tiene cuarteaduras en techos, pisos, muros, sin contar con los 210 planteles con daños graves, producto de los sismos de septiembre del año pasado?

“¿Es falso la existencia de escuelas sin luz, baños, agua, techo? ¿Eso significa educación de calidad? ¿Maestros sin cobrar, con interinatos de dos meses, significa educación, niños que llegan con hambre a la escuela, sin materiales, que viven violencia y son sometidos a exámenes constantes, significa educación de calidad? La respuesta es obvia: no”.

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