Tecolutla, Ver.- Como consecuencia de la invasión de la enfermedad conocida como Amarillamiento letal del cocotero, unas 40 a 50 mil hectáreas de plantaciones de palmas de coco, de las cuales al menos 12 mil eran exclusivamente para cultivo, resultaron afectadas en todo el estado, desde hace aproximadamente 20 años.

El amarillamiento letal es una enfermedad transmitida por un vector que de manera científica se denomina Myndus Crudus o chicharrilla pálida, que habita en los pastizales, pero de manera natural su alimento predilecto es la savia de la palma de coco, por lo que al tener contacto con una palma enferma, y migrar a otra es como hace la transmisión de dicha enfermedad.

Una vez que la planta enferma, tiene aproximadamente cuatro meses de vida, tiempo en el que pasa por una necrosis, la cual comienza con la etapa denominada mano de chango, pues los racimos se empiezan a poner negros, ya no retiene los cocos y la penca principal se empieza a tornar amarilla, las demás pencas se van cayendo hasta que queda sólo el tallo principal.

Aunque mucho se dijo que esta epidemia en las palmas de coco fue provocada por el huracán Dean, en 2007, lo cierto es que los antecedentes del amarillamiento letal van desde muchos años atrás.

Los primeros brotes en México de amarillamiento letal fueron a finales de los 70, esta enfermedad entra por Belice, hacia la península de Yucatán, sigue Quintana Roo, Campeche, Tabasco y a principios de 2000 empieza a ingresar a Veracruz primeramente en municipios como Las Choapas, Minatitlán y Coatzacoalcos en brotes muy pequeños.

En 2007 cuando se presenta el huracán Dean, el viento lo que dispersa es al vector que transmite la enfermedad, por lo que es entonces cuando los brotes se hacen muy notables y se viene la devastación de la palma de coco.

Sin embargo, desde marzo de 2005, Carmen Belem Liahut Sequera, ya había convocado a un foro sobre amarillamiento, para alertar sobre lo que se venía para la región centro norte, en el que estuvieron las dos personas que más sabían sobre el tema del coco, que son Carlos Oropeza y Daniel Zizumbo, ellos dieron una explicación técnica de lo que era la enfermedad, cómo se desplazaba y las acciones para contenerla y en su momento sustituir las variedades que existían en la región, que era la conocida como palma criolla, pero que era la variedad alto del Atlántico, que fue la inducida, sin embargo, los resultados no fueron los esperados, pues los productores no le dieron importancia.

Incluso se les explicó que para evitar que la chicharrilla continuara propagándose, lo que se debía hacer era cortar la palma desde la base y quemarla, sin embargo, la mayoría se negaron, a pesar de que sus producciones estaban prácticamente perdidas.

A partir de que comienza la devastación en 2007 los productores comienzan a voltear sus ojos al trabajo que Carmen Belem Liahut llevaba dos años realizando, y ésta comienza a través de Sistema Producto Palma de Coco, a tocar las puertas necesarias para buscar una solución para este mal.

Es hasta 2012, cuando el Congreso aprueba un proyecto de inversión de 20 millones de pesos para el restablecimiento de 1 mil 200 hectáreas en el estado de Veracruz en 30 municipios, para que fuera rápido debía ser planta ya germinada, que se repartieron en tres viveros, uno en Tecolutla, uno en Tolomé y uno en Coatzacoalcos, para que esa planta saliera a campo en un lapso de 6 meses desde este municipio para la zona centro norte, con un gasto de traslado menor de que si viniera desde más lejos.

En el vivero de Tecolutla se constó de 35 mil plantas de las cuales germinaron el 98 por ciento del total, las cuales se repartieron en ese entonces sin costo para los productores, sin embargo, aunque el proyecto era para cuatro años, en los que se invertirían 20 millones por año, fue el primero y el último que se realizó, y ha sido la única ocasión que el gobierno ha destinado recursos para la reforestación de las palmas.

Aun sin el apoyo del gobierno, sino por la convicción de devolverle al medio ambiente todo lo que proporciona a los humanos, y a fin de recuperar todos los beneficios que las palmas de coco otorgan, Carmen Belem Liahut Sequera, de la mano de Jorge Enrique García del Ángel, no han parado en los trabajos de gestión y de adquisición de planta tolerante al amarillamiento letal, que se ha utilizado para seguir replantando las áreas devastadas.

El nuevo proyecto que está en puerta es la siguiente etapa del vivero de palma, el cual buscará albergar miles de semillas para germinarlas y posteriormente se entreguen para ser llevadas por los productores que estén interesados en seguir apostándole a esta planta.

De tener resultados favorables, cientos de hectáreas podrán volver a producir cocos, que permitirán cubrir la demanda de quienes lo utilizan a éste y sus derivados para comercialización, además de otros proyectos más grandes incluso con empresas transnacionales, pero sobre todo, tener nuevamente los servicios ambientales que la palma deja, que es fortalecer el suelo con sus raíces, disminuyendo los efectos de la erosión, retener en su tallo la humedad y así conservarla en el suelo y funcionar como cortina para disminuir los efectos de los vientos de los fenómenos meteorológicos.

Por Xóchitl Julio