Chihuahua, Chih.- Los activistas Otilia Martínez Cruz, de 60 años, y su hijo Gregorio Chaparro Cruz, de 20 años, encontraron la muerte en su casa en el municipio de Guadalupe y Calvo, a manos de tres hombres armados que irrumpieron sorpresivamente.

Eran familiares de Julián Carrillo, un indígena rarámuri que el 24 de octubre de 2018 fue asesinado supuestamente por taladores clandestinos. El activismo que ellos realizaban era para defender al bosque de Coloradas de la Virgen.

Las autoridades hallaron al menos siete casquillos percutidos dentro de la vivienda, uno de ellos era de un arma larga, y tienen identificado a Ramón “N” como uno de los presuntos autores del doble homicidio.

Ante el más reciente crimen, la directora de la Alianza Sierra Madre, Isela González Díaz, urgió fortalecer la seguridad ya que el asesinato de activistas no es un hecho aislado. Y es que en seis años han sido liquidados 10 personas dedicadas a defender el bosque en la zona, a pesar de contar con el Mecanismo Federal de Protección a Periodistas y Derechohumanistas.

“El crimen de Otilia y de su hijo es uno más de los muchos que se han perpetrado en la comunidad de Coloradas de la Virgen. Hemos informado al gobernador y al fiscal que en esa comunidad el crimen organizado está dejando sin nada a los pobladores”, declaró González Díaz.

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