Tenancingo, Tlax.- Se encuentra ubicado a unas calles del centro de esta ciudad, un grafiti  que pone en evidencia una parte de su historia: la trata de mujeres con fines de explotación sexual. En el mural se aprecia una imagen de un grupo de perros que emulan a hombres bebiendo en un billar, mientras una mesera aparenta ser una gata con mirada triste sirviéndoles unos tragos.

Académicos y activistas consideran que este municipio es la cuna de los padrotes más poderosos del país. Da la impresión de que estos actos dejan establecidos sus bases en las grandes mansiones de estilo californiano abandonadas así como los hoteles de paso que rodean y abundan en el municipio.

A pesar de que familias como los Carreto Valencia se encuentran cumpliendo sentencias en Estados Unidos por el delito de explotación sexual a mujeres que secuestraban en México, continúan con la herencia de este delito en la actualidad.

De acuerdo a las previas averiguaciones de los medios El Universal y el programa Por la Mañana de Grupo Fórmula, la familia de “Los Rojas Romero” es una de las organizaciones con más redes de conexión para prostituir mujeres en México y Estados Unidos.

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Los Rojas Romero han sido investigados por el delito de tráfico de mujeres desde el año 2000, según documentos oficiales del gobierno de la Unión Americana.

La Procuraduría General de la República abrió una averiguación previa contra Fredy y Noé Rojas Romero en el 2012 por el mismo delito bajo el expediente AP/PGR/Fevimtra/296/2012, en donde también se vincula Gerónimo “N”.

Una de sus mansiones se ubica en la calle 5 Sur, en la última franja de Tenancingo, la cual limita con el estado de Puebla.

Color gris, sin adornos más que una cerca eléctrica y cortinas blancas. La residencia no cuenta con banquetas ni jardines, es la segunda casa de la calle. Su estilo y ubicación, a diferencia de otras mansiones, pareciera como si hubiera sido planeada precisamente para pasar desapercibida. Además de que esta cerca de la carretera federal 121 Puebla-Tlaxcala.

En la investigación antes mencionada, a Fredy y Noé se les acusa de explotar sexualmente a sus respectivas novias y por lo menos una mujer más cada uno.

De acuerdo  con la averiguación, operan obligando a sus víctimas a reclutar a más mujeres, a quienes reciben en casas de seguridad en Tenancingo, después son enviadas a  unos condominios en Irapuato, Guanajuato, donde las autoridades federales identificaron conexiones con tres hoteles locales.

Esta red está vinculada con tres casas en Papalotla, municipio cercano a Tenancingo, a un hotel en Acapulco, Guerrero, otro en Martínez de la Torre, Veracruz, y un bar y una casa en Monterrey, Nuevo León.

Dominada por hombres que parecen ser presuntos padrotes cuyas formas de operar son las mismas en cada caso: los primos y hermanos varones trabajan bajo órdenes de un familiar como operadores o reclutadores que, a su vez, explotan por lo menos a dos mujeres cada uno.

Hablando de la familia Rojas Romero, sus hoteles, bares y casas son los eslabones que los conectan con otras redes de trata en Puebla, en el municipio de Izúcar de Matamoros; en Tlaxcala se ubican en San Bartolomé, San Pablo del Monte, Santa Isabel Xiloxoxtla y San Francisco Tetlanohcan, y en Morelos, en Axochiapan, según datos oficiales.

Para finalizar esta red llega hasta Houston, Texas lugar donde presuntamente Manuel “N” está a cargo, de acuerdo con información asentada en el expediente AP/PGR/FEVIMTRA/003/2012 y 138/2012.

Este último en colaboración con su hermana, que es quien presta su identidad para que las víctimas que son  menores de edad tengan credenciales de elector falsas. Otro hermano, Óscar Juárez Morales, se encuentra preso desde octubre de 2019 por los cargos de explotación sexual a una mujer a quien conoció en Tlaxcala y prostituyó en Atenco, Estado de México.

Este modus operandi de reclutar a sus propias esposas se replica, pero además cuentan con el rol de una mujer mayor, cuya labor es cuidar a los hijos de las víctimas.

En la carpeta de investigación, se presume que los padrotes se mueven en autos de lujo, como Mustangs, Audis, Mercedes Benz y BMW.

“Del monitoreo de eventos entre 2007 y 2017 se observó que en 53 por ciento de los casos estuvieron implicados entre uno y dos presuntos tratantes, mientras que en 28 por ciento, de tres a cinco, y en 19 por ciento, seis o más”, explica el reporte basado en datos de la Fiscalía Especial para los Delitos de Violencia Contra las Mujeres y Trata de Personas (Fevimtra) y de organizaciones internacionales.

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Para Alejandra Méndez Serrano —directora del Centro Fray Julián Garcés Derechos Humanos y Desarrollo Local A.C., que ha investigado la trata de mujeres en Tlaxcala— no se trata de un problema solo en el municipio de Tenancingo, sino de 23 municipios de los 60 que comprenden Tlaxcala.

“Primero por la negación, el reconocer la problemática y simular que toman acciones”, mencionó.

Reconoce que en Tlaxcala hay una “fuerte acción por parte de algunos personajes de las comunidades: familias dedicadas a la trata que enseñan a sus hijos e hijas el modus operandi y es como una escuela que se va transmitiendo de padres a hijos”.

“Lo que tenemos son, sobre todo, redes de trata, no tanto explotación, sino casas de seguridad, redes de personas que enganchan, resguardan, trasladan y vigilan a las mujeres”, dijo la directora.

Una propuesta que fue implementada por el Centro Fray Julián Garcés ha sido implementar programas educativos en ocho secundarias en el sur del estado, esto con la finalidad de disminuir la trata de personas puesto que es la edad en la que las niñas son más vulnerables a ser reclutadas por las redes de explotación sexual.

Ayometla, Teolocholco, San Pablo del Monte, Magdalena de Tlaltelulco, Acuamanala de Miguel Hidalgo, Zacatelco, Españita y Mazatecochco de José María Morelos son los municipios en los que ya se ha implementado el programa desde hace cinco años.

La idea es que se extienda a un programa integral para preescolar hasta preparatorias en el estado, en el que se debe considerar a la trata una forma de violencia extrema contra las mujeres.