Veracruz, Ver.- “Lloro hasta el cansancio y luego le ruego a Dios que mis hijos no se encuentren ahí, le pido perdón y perdone a mis hijos, y nos dé la oportunidad de estar juntos”, revela entre sollozos Elvira Gómez López, madre de dos desaparecidos, Rodrigo y Juan de Dios Gómez López, quienes en 2013 contaban con 17 y 19 años. Ella permanece al lado de una de las nuevas fosas con restos de desaparecidos encontradas en la entidad.

La mujer, integrante de una de las Brigadas de Búsqueda formadas en Tierra Blanca, mantiene en su corazón la esperanza de encontrar con vida a los suyos y habla de ellos en presente cuando comparte momentos de sus vidas, aunque está consciente de que  un estado sumido en la violencia y lleno de osamentas será difícil encontrarlos sanos y salvos

Y es que además se antoja una tarea titánica identificar los 53,606 fragmentos de restos humanos que han sido desenterrados y que en un principio han significado un recuento de mil 178 víctimas de entierros clandestinos, como parte de las cifras trágicas el periodo de 2011 a 2018 que reporta la Fiscalía del Estado

Su voz se rompe e irremediablemente el llanto las invade tan sólo de imaginar a sus hijos en un cementerio clandestino. Su corazón se fragmenta al escuchar sobre el hallazgo de una nueva fosa con restos de personas. Siempre esperan con vida a los suyos y hablan en presente cuando se refieren a ellos, pero saben que en un estado sumido en la violencia y lleno de osamentas será difícil encontrarlos sanos y salvos. “Tenemos cansado a Dios porque siempre le pedimos que nos haga un milagro”, afirma entre sollozos Elvira Gómez López, madre de dos desaparecidos, Rodrigo y Juan de Dios Gómez López, quienes en 2013 contaban con 17 y 19 años, respectivamente. Se trata de una de las integrantes de las Brigadas de Búsqueda de Personas Desaparecidas en la región de Tierra Blanca, quien hoy se encuentra quebrada ante el hallazgo de una nueva fosa con 174 cráneos en el municipio de Alvarado. “Para salir al espacio en el que están las fosas lloro hasta el cansancio y luego le ruego a Dios que mis hijos no se encuentren ahí, le pido perdón y perdone a mis hijos, y nos dé la oportunidad de estar juntos”, relata. En una humilde vivienda, se rinde ante la realidad de un estado que en promedio reporta hasta mil asesinatos anualmente. “Al ver tanta maldad en el estado y en el país pienso que es imposible

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