Buenos Aires.- Un calzado deportivo por una botella de aceite y un paquete de pasta, unos pantalones por media docena de huevos y un kilo de azúcar, una camiseta de Boca Juniors por yerbamate y leche… las posibilidades son infinitas en el sistema de trueque que los argentinos han vuelto a poner en práctica como en el los tiempos del “Corralito”, cuando prácticamente les congelaron sus cuentas bancarias.

Las causas son la caída del trabajo informal que sustenta la economía de los hogares más pobres y una inflación galopante que puede superar el 40% en 2018 y ha llegado a duplicar en sólo seis meses el precio de alimentos básicos como la harina.

“La situación actual no me afecta tanto porque mi marido trabaja y sólo tenemos una hija, pero acá vemos gente que la está pasando muy mal. Da mucha impotencia cada vez que uno va al súper y ve que la harina, el aceite, los huevos volvieron a subir”, dice Marisol Alonso, una de las organizadoras del club de trueque de Moreno.

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