Poza Rica, Ver.- Recientemente, el congreso aprobó la reforma en materia de derechos de la infancia y adolescencia, que incluye la prohibición del trabajo infantil y perspectiva de la infancia, ahora falta ver cuáles serán las acciones a efectuar para que no sólo quede en una reforma y en el escritorio, sino que se lleve a cabo y se le dé cumplimiento, de lo contrario, pasaría a ser letra muerta como las alertas de género, que de poco o nada han servido para frenar agresiones, homicidios y feminicidios en la entidad veracruzana.

Parte del compromiso ya está cumplido por el congreso, ahora sigue diseñar los instrumentos y programas, así como los códigos de ética de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial, organismos autónomos del estado y municipios para su aplicación por parte de los servidores públicos.

Es precisamente ahí donde deberán aplicar su interés los implicados, de lo contrario, sólo será un mero proyecto, situación que no merecen los miles de niños veracruzanos que trabajan en las calles solos o acompañados de su madre o padre que se sientan en una banca de cualquier esquina y los empujan a trabajar vendiendo chicles, artesanías, comestibles y limpiando autos, esto es lo que se ve a diario, lo que todos los veracruzanos encontramos en las calles; aunque los niños también tienen obligaciones, el dar manutención para sí y sus padres no está incluido.

La otra parte que no se ve, pero que ahí está, de lo contrario no se hubiera incluido en esta reforma, es el llamado comercio o tráfico de personas, el comercio ilegal de seres humanos con propósitos de esclavitud reproductiva, explotación sexual y trabajos forzados.

No es una tarea fácil porque no sólo es la explotación, en ello va implícita la violación a sus derechos humanos, también está el ser parte de los conflictos de los adultos, la opresión, violencia, discriminación tanto en niños como en adolescentes por origen étnico, sexo, religión y condición social, entre otras.

Gráficas Ademir Lozano Neri