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LA  NOVELA “POZA   RICA”

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Por Leonardo Zaleta.

Cronista de la ciudad.

Resulta extraño pero al mismo tiempo reconfortante, constatar que un distinguido asturiano, a la mitad de la vida, haya escogido a Poza Rica, no simplemente como título, sino como escenario para incursionar por primera vez en el fascinante mundo de la novela histórica.

En la bibliografía de nuestra ciudad hay tres novelas: “Poza Negra. La tragedia de Poza Rica” de Indiana Nájera, publicada por Libro Mex en 1960; la novela de Carlos Fuentes “La cabeza de la hidra”, que apareció el año de 1978 con el sello de Editorial Planeta, (una intriga petrolera donde se involucran alemanes, árabes y judíos), y ”Morir en el Golfo” de Héctor Aguilar Camín (Editorial Océano,1986). Esta última llevada a la pantalla en 1989 con las actuaciones de Blanca Guerra y Enrique Rocha, dirigidos por Alejandro Pelayo.

La novela “Poza Rica” se desarrolla en esta tierra donde el sol toca el filo de los cerros para desparramarse en calor por las calles.

La propuesta literaria de Javier  Suárez Mier tiene mérito indiscutible. En el andamio de la historia donde se nutre el argumento se expresan los hechos, no precisamente como fueron, sino como pudieron haber sido. Este es el enfoque novedoso, distinto de sus antecesoras. La frontera entre la realidad y la ficción se torna imperceptible.

Suárez Mier es licenciado en Ciencias de la Información, pero se ha entregado con pasión al periodismo, y actualmente es el responsable de la estación Radio Salamanca. Se identifica con su personaje: acostumbrado a que cuando una duda le pica se rasca investigando. Es de los muchos que cuando jóvenes fuimos pescadores de estrellas.

Desde que dio los primeros pasos para estrenarse en el campo de la literatura de ficción, estaba consciente que  tan importante es lo que se dice como la manera de decirlo, de ahí que sea imprescindible guardar el equilibrio para construir la obra con el estilo fino y elegante que logró.

El desarrollo de la novela “Poza Rica”, tiene raíz histórica y lógica contundente. Los personajes tienen rostro y nombre: Lázaro Cárdenas, Eduardo Pérez Castañeda, Francisco Franco, o Mr. Smails el superintendente anglosajón.

Pero se entrecruzan para robustecer el discurso narrativo: Raúl Cienfuegos, el niño Fidel Aguilar, Matías Potros, Dominique Liers y Artur Dietrich, por mencionar solo los que aparecen de manera sobresaliente, formando una urdimbre bien planteada y elegantemente resuelta, en 300 páginas de acción, intriga, suspenso, política, y una pequeña dosis de romance para endulzar la lectura.

La novela transcurre en dos planos: el que abarca los años de 1935 a 1939, cuando el  protagonista principal Raúl Cienfuegos – que un día dejara la cuenca minera de La Felguera, en Asturias, expulsado por la victoria de Francisco Franco -, decidió  venir a trabajar a Poza Rica contratado por la compañía El Águila.

Y el segundo, se ubica en el año 2005, donde la acción central corre a cargo de Raúl Cienfuegos, el nieto, intrigado al encontrar una extraña carta fechada en 1940, donde el abuelo le pide a su mujer y a su hijo que no lo busquen y que se olviden de él; así que el descendiente curioso se autoimpone el reto de desenterrar el pasado misterioso 70 años después.

En la primera etapa asistimos al campamento de Poza Rica cuyos magnates explotaban impunemente a los trabajadores, que tenían que sufrir negras vejaciones por carecer de un organismo de representatividad; eran los días en que se intentaba organizar un sindicato petrolero fuerte que se habría de consolidar hasta 1935, para blindar el proyecto del presidente Lázaro Cárdenas de decretar la expropiación petrolera tres años después.

Como consecuencia, Inglaterra, Holanda y Estados Unidos, países afectados con la nacionalista determinación, bloquearon los mercados internacionales para impedir que México vendiera el petróleo extraído por manos mexicanas.

Dos potencias negociaron la compra de nuestro petróleo: la Italia de Mussolini, y Alemania a través del Tercer Reich, con quien México celebró un contrato por 17 millones de dólares el 8 de diciembre de 1938.

Con el petróleo mexicano Hitler inició la conquista de Europa, que vio caer bajo la bota nazi ciudades como Noruega, Dinamarca, Países Bajos y Francia, en esa orgía de sangre que fue la segunda guerra mundial.

En algunos viejos campos petroleros como Álamo y Cerro Azul, se conserva maquinaria con la emblemática swástica. Es que el pago del gobierno ario se pactó en especie: maquinaria, refacciones y herramientas de lo que México estaba urgido.

Pero el bombardeo japonés a la base de Pearl Harbor el 8 de  diciembre de 1941, obligó a los Estados Unidos a intervenir en la conflagración; y el hundimiento del buque-tanque “Potrero del Llano”, el 13 de mayo de 1942 al sur de Miami, presumiblemente por un submarino alemán, y el del “Faja de Oro” el día 20 en Cayo Hueso, ambos en costas de Florida, provocó que el presidente Ávila Camacho declarara la guerra a los países del Eje: Berlín-Roma-Tokio, el 28 de mayo de 1942.

El desabasto de petróleo mexicano, en gran parte impidió el avance de las tropas alemanas, y poco a poco los aliados marcharon rumbo a la victoria.

La anécdota que Javier Suárez toma para construir su interesante novela, es el hundimiento de un buque tanque al que llama “Riese” cargado con 10,000 toneladas de petróleo, después que los empresarios germanos en México cooperaron para financiarlo; una vez que fue cubierto el precio al gobierno mexicano, y después de haber zarpado del puerto de Veracruz rumbo a Hamburgo, temerariamente, Raúl Cienfuegos y otros intrépidos idealistas decidieron, en una acto de piratería, hundirlo en medio del océano.

Cuenta Javier Suárez, que Alemania a través de una complicada red de espionaje fomentaba el descontento de los trabajadores petroleros para que tomaran la determinación de organizar un sindicato vigoroso; apunta cómo la expropiación benefició a Alemania al asumir el papel de comprador principal del petróleo mexicano ante el bloqueo de los países afectados por la expropiación. Y cómo este petróleo sirvió para transportar la maquinaria bélica nazi durante la contienda que cubrió de sangre y muerte al mundo entre 1939 y 1945.

Poza Rica era en aquel momento el campo productor de petróleo más importante de México, de ahí que la novela tenga como cuna esta ciudad del norte veracruzano.

Quizás por eso la novela “Poza Rica” tiene el encanto que culmina en un final que nos deja perplejos, lo cual es alarde de argucia y destreza de un orfebre de las letras.

Terminé la lectura de la novela con una sonrisa. Es una narración amena, precisa, donde se plasma y entrecruza la intriga, la venganza, el suspenso y el realismo en un tema actual y escandaloso.

Quiero expresar mi más amplio reconocimiento a la Sección 30, por el acierto de organizar este evento cultural  tan relevante. Por invitar a la comunidad pozarricense a compartir esta novela publicada en España por la Editorial Círculo Rojo (Sevilla, España. 2010).

En mi camino, he tenido la fortuna de encontrar a personas que pasean los recuerdos de aquella época, y a algunos descendientes de aquellos hombres rudos y tenaces que le dieron vida a esta novela, donde nos hemos visto reflejados, porque en sus páginas se evidencia la admiración de Javier Suárez Mier por esta ciudad que no conocía, y que plasmó con gran sensibilidad y maestría.

Con la sinceridad de mis paisanos déjame decirte, Javier: “Por el simple hecho de pisar esta tierra ya eres mi hermano”.                                                     Nov. 19 de 2010.

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Parlamento Veracruz. La mejor playa del mundo

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Juan Javier Gómez Cazarín

No sé qué hicieron ustedes el domingo, pero yo me di el gusto de visitar una de las mejores playas del planeta.

En el mismo lugar donde hace cinco millones de años la mortífera lava volcánica escurrió hasta el mar arrasando todo a su paso -a la usanza de Hawái, Grecia o Islas Canarias-, ahora prolifera vida, se respira tranquilidad, se escucha el romper del mar y se puede disfrutar de la más limpia brisa costera.

Nuevamente -he ido muchas veces- pude apreciar sus espectaculares paisajes, también producto de la furia de los dioses volcánicos: profundos acantilados, escarpados miradores naturales, playas recoletas, todos dignos de aparecer otra vez -ya lo han hecho- en alguna superproducción de cine.

Yo no tuve que cruzar medio mundo para llegar a ese paraíso, aunque bien vale la pena cruzar medio mundo para conocerlo.

Tampoco fui de turista, como los invito a ustedes a ir en cuanto se pueda, porque la pandemia todavía no nos lo permite a plenitud.

Mi visita a Arroyo de Liza, en San Andrés Tuxtla, fue para cargar bultos de cemento y palear concreto.

Y no es queja, al contrario, es orgullo y satisfacción. Pocos domingos mejor empleados que aquellos en los que puede uno sumarse al esfuerzo y la decisión de una comunidad de amigas y amigos entrañables que quieren mejorar su entorno.

Pocas jornadas de mayor satisfacción que aquellas en las que comprobamos que la voluntad del pueblo puede, quiere y sabe cambiar su destino.

La calle que pavimentamos juntas y juntos será un testimonio duradero -muy duradero- de que nos tocó vivir una etapa de histórica transformación de Los Tuxtlas, de todo Veracruz y de todo México.

Tendremos el honor de saber que no fuimos espectadores pasivos, sino participantes efectivos.

Algún día, cuando otros visitantes, esos sí turistas ultramarinos, caminen por esa calle, no sabrán cómo la hicimos, pero nosotras y nosotros sí tendremos el recuerdo de aquel remoto domingo de calor, cansancio, bromas amistosas, de un refresquito a la sombra de un árbol.

Me duele un poquito la espalda, pero mi corazón está contento y ese es el que manda. Lo de la espalda se me va a quitar, la felicidad del corazón, nunca.

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EL QUEMADOR TRICIONERO

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Por Leonardo Zaleta.

Cronista de la ciudad

La neblina espesa, el viento y la lluvia se derramaban sobre las instalaciones de Nuevos Proyectos oscureciendo la madrugada fría y amenazante, como heraldos de la fatalidad. Ese viernes 22 de noviembre de 1950 Poza Rica se vistió de tristeza, dolor y muerte, lo que no había sucedido antes.

A las tres de la tarde del día anterior el soldador Guillermo Basáñez, recibió del mayordomo del Departamento Carlos Torres “El Sordo”, la orden para soldar cuatro válvulas que se conectarían con los nuevos oleoductos a las refinerías de Azcapotzalco, Madero y Salamanca, a las siete de la mañana del día siguiente.

Al fondo de la refinería, pegado a  la barda que colinda con la colonia 5 de Mayo, había un quemador de  gas sulfhídrico de 20 metros de altura. “El Canelo” bajó a un hoyo de metro y medio de profundidad a cumplir su tarea, por lo que le advirtió a su ayudante Lorenzo Ramírez Herrera: “Secre, por favor no pierda de vista ese quemador,  si se apaga nos mata, es muy venenoso ese gas. Abusado”.

Trabajaron arduamente toda la tarde y en la noche tomaron un breve receso para cenar. Con nuevo brío continuaron la encomienda, ya que las instrucciones eran reportar el trabajo terminado a más tardar a las seis de la mañana.

Cuando dieron las cuatro la densa niebla impedía la visibilidad. Al “secre” le pareció ver que la llama se hacía pequeñita. Es por la niebla, pensó.

Media hora más tarde, “El Canelo” lo animó: “Secre, ya nomás me falta un cordón para terminar y nos vamos. Minutos después el ‘secre’ empezó a  marearse y dejó caer alguna varillas golpeando a su jefe, que desde abajo protestó: Ya, ‘secre’, no esté molestando que ya terminé. Lencho le dijo: Apúrese maestro porque el quemador ya se apagó. Ambos recogieron cuanto se pudo y emprendieron la carrera dándose de tropezones pues la obscuridad era total, hasta que llegaron a la entrada de la refinería en la hoy Av. González Ortega. Eran las 5 de la mañana.

Algunos trabajadores que se disponían a iniciar el turno se marearon y otros cayeron desmayados. Comenzaron a oírse gritos de alarma desde puntos en los que no veía a nadie. “Se apagó el quemador”. “Aquí hay un desmayado”.

Llegó una ambulancia del hospital cuyos faros alumbraban el rumbo del quemador y una camioneta remolcando un extinguidor, perteneciente al departamento de Contra-Incendio. “El Canelo” reportó a su jefe: “Trabajo terminado”. Se dirigieron al hospital donde médicos, enfermeras, camilleros y auxiliares atendían a los intoxicados con la premura que el caso requería, logrando salvar aproximadamente 90 personas, entre trabajadores y vecinos de la cercana colonia Flores Magón hasta donde el gas se había desplazado silencioso y traicionero.

Desgraciadamente no fue posible salvar la vida de 24 personas. De las oficinas por vía telefónica se dio la voz de alarma y algunos conductores que atravesaban la zona de peligro propagaron la noticia en los cafés del centro, llenando la mañana de angustia y consternación.

Uno de los vecinos era Roberto Mitford Taylor Sánchez. Su padre fue un inglés que se estableció en Parras, Coahuila, ahí contrajo matrimonio con la guapa María. Nació el hijo en 1898 que quedó con sus familiares cuando el matrimonio se fue Inglaterra.

Siendo un joven Roberto fue a vivir con sus padres. En 1914 estalló la Primera Guerra Mundial (Inglaterra y Francia contra Alemania), y fue reclutado por el ejército inglés. Se ganó una medalla por su valentía y un balazo en la pierna. Se conserva una foto: El Cairo, Egipto, 1918. Al terminar el conflicto en 1918  se embarcó rumbo a Tampico, donde encontró ocupación como intérprete de los geólogos de la compañía El Aguila, que exploraba la huasteca veracruzana.

En Tantoyuca se enamoró de la hermosa Margarita Robles Díaz, con la que contrajo matrimonio el 15 de marzo de 1926. Establecieron su hogar en Tampico donde nacieron sus hijos: Roberto, Carlos, Gracia Esther, Ricardo, Javier, y Emilia.

Llegó a Poza Rica en 1934 en busca de fortuna, y para ganarse la vida instaló una refresquería en el tianguis ubicado cerca del taller de Combustión Interna. Más tarde consiguió trabajo en el departamento de Materiales de Pemex.  Miguel nació en La Quebradora y Luis en la colonia Flores Magón, donde el matrimonio tenía una tienda. Su hijo Enrique estudiaba en Puebla. En 1944, al inaugurarse la Secundaria Díaz Mirón, aceptó impartir la cátedra de inglés.

El 22 de noviembre de 2001, señor Jacinto Martínez Hernández, trabajador petrolero jubilado, comentó en el programa “Nuestra Ciudad” conducido por Lorenzo Ramírez que transmitía Radio Mundo: “Mi vecino el señor Roberto Taylor sacó a su familia con trapos empapados de orines y agua, sobre la nariz y boca, y los encaminó  hasta el actual bulevar Lázaro Cárdenas, y se regresó a  auxiliar a los vecinos utilizando el mismo sistema, sacándolos fuera del área de peligro.

“Todos los vecinos éramos de las calles Hidalgo y Flores Magón, colindando con la refinería Nuevos Proyectos y la planta de azufre. Entre ellos: Juan Garrido, Fortino Huerta, Juan Berra, José Mejía Herrera,  Enrique Hernández, Celerino Flores, familia Chávez Vázquez, Alejandrino Herrera, Florencio del Río, Otilio Jongitud, Mauro Mejía, Salvador Jongitud, Juan C. Torres, Clemente Mejía, familia Badillo, el chino Julio Yee, y muchos que se escapan a mi memoria”.

“Ese día fallecieron 19 personas y posteriormente 18 personas más entre adultos y niños, aumentando el número a 37 personas muertas.

El testigo presencial  que perteneció al cuerpo de Bomberos Voluntarios  fundado en 1949, asevera: “El accidente se debió a que habiendo demasiada neblina y soplando fuerte viento, la copa del quemador de gas venenoso se apagó y el gas se esparció…flotando a una altura de 50 centímetros del piso, por eso no fue más grande la tragedia, porque en aquel entonces muchos dormíamos en el suelo en petates y otros en catres de tijera…”  Perros y gatos se salvaron, las gallinas no.

En elogio a la valiosa actuación de Don Roberto Taylor, Chinto Martínez, afirma con valor civil: “Su acto heroico nunca fue reconocido por alguna autoridad”.

Ese altruismo de rescatar a su familia y a una docena de vecinos, es muestra de valor, amor al prójimo y desprendimiento ya que corría grave riesgo su vida. Escribir su nombre en la historia es un acto de justicia.

El ingeniero Jaime J. Merino, superintendente de Pemex se presentó en el lugar del siniestro con sus colaboradores para instruir lo conducente. Recorrió la colonia casi deshabitada, alentando a los vecinos que se encontró y poniendo a su disposición el auxilio que requirieran. Dio aviso a las oficinas centrales de  la empresa.

A las ocho de la mañana arribo en avión el director de Petróleos Mexicanos Antonio J. Bermúdez, profundamente conmovido. Recorrió el hospital acompañado por Merino. Se enteró del estado de los intoxicados, corroboró que el auxilio médico fuera el adecuado y dispuso la adquisición de ataúdes para que los cadáveres fueran velados en el Teatro Social. La enorme sala se llenó de arreglos florales  y coronas. Los líderes concurrieron al velorio  junto a  los deudos y el pueblo  afligido.

Recorrió el área de Nuevos Proyectos y comprobó que había algunas casas dentro de las instalaciones. Dictó las disposiciones para indemnizar a los familiares sin mayores trámites.

Don Sinesio Capitanachi en su valiosa obra (1983), enumera algunos de los vecinos indemnizados por el fallecimiento de sus familiares, incluyendo los menores de edad: Severiano Ortiz Hernández, su esposa Leonarda Cortina y dos hijos.- Margarita Meza Cruz, amasia de Encarnación Sánchez González, sus hijos Evelia y Raúl, su nieto Ernesto Valdez Sánchez.- Cesáreo Zamora Orduña y su media hermana Juana Hernández Orduña, y sus hijos Silverio, Inés e Isabel Salazar Hernández.-

Otros fueron: Fulgencio Román Loya y su hijita Santa Román Polo, perecieron, sobreviviendo la esposa  Rufina Polo.- Ángel Sánchez Ortiz, dejó como deudos a su padre Juan Sánchez Lara y su esposa Guillermina Ortiz. Además de la hermana de Ángel, Bertha Castro Sánchez de Bauza.- La indemnización por la niña Teresa Garrido Ruiz, fue entregada a sus padres Juan Garrido y Antonia Ruiz.- A Cira Pelcastre Pulido, esposa del señor Pablo Zaleta, se le concedió la planta en la empresa.- María Rebeca Álvarez, murió quedando como sus herederos sus hijos Carlos Ramírez y Eulalia Jiménez. Su abuelo Apolinar Jiménez recibió la indemnización.- Los familiares de Yolanda Barrios Cruz no realizaron trámite.

La empresa indemnizó a los familiares con cantidades que fluctuaron entre 4 y 45 mil pesos. Se desalojó a las personas que vivían cerca de la planta de Nuevos Proyectos. Y según convenio, Pemex indemnizaría a los colonos por el costo de sus casas, proporcionándoles transporte para el cambio, así como materiales de construcción. Algunos colonos se reubicaron en la colonia Cazones y la Tepeyac.

El 28 de noviembre de 1950, el presidente de Coatzintla  Sabino Salas Chávez, en un gesto de solidaridad con el pueblo, puso “a disposición de las personas afectadas residentes en la colonia Flores Magón, de la congregación de Poza Rica, con carácter gratuito, la porción de terreno de acuerdo a sus necesidades para construir habitación en la colonia Adolfo Ruiz Cortines de esta Villa, que cuenta con servicio de agua, luz y magnífica carretera”.

Debido a que la burocracia entorpece las buenas intenciones, se inició el juicio civil 16/53 en el Juzgado del Tercer Distrito para que se diera cumplimiento al convenio firmado. Los promotores del litigio fueron: Carlos Jiménez, Pedro H. Cruz, Eustorgia viuda de Bolaños, Alberto y Luis Márquez, Miguel Díaz, Irene Campos, María Isabel Cruz y otros, arrojando un total de 127 indemnizados que finalmente recibieron un total de $1,587, 400.00. Según el texto se contabilizaron 25 muertos.

El imaginario colectivo es terrible, fantasioso y pícaro: Un trabajador entró al turno. Poco después llegó un acomedido a acompañar a la dama en su desamparo nocturnal. La muerte los sorprendió en tórrido romance. El viudo cobró venganza haciendo pasar al  Sancho como  “un familiar”.

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POLÍTICA URBANISTA. Se buscan candidatos

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Por Arq. Braulio Javier García Nieva

De manera descomunal se realiza una búsqueda de personas para que abanderen a un partido político para cualquiera de los posibles cargos de elección o para formar parte de los cuadros que lo integran, es decir, el espíritu democrático en su más amplio sentido queda manifestado en estos momentos. Hoy, con el exceso de partidos, cualquier persona podrá ser representante como precandidato a un puesto público. Pero en verdad ¿Esto es lo que queríamos?

A nivel nacional existen 10 partidos compitiendo como lo son: Morena, PAN, PRI, PRD, Partido del Trabajo, Movimiento Ciudadano, Verde Ecologista, Partido Encuentro Social, Redes Sociales Progresistas y Fuerza por México, y a estos hay que agregar los partidos de reconocimiento estatal que por decir en Veracruz hay 4 más que son Podemos, TPV, UC Y Cardenista, y por si fuera poco, la figura de candidatos independientes.

Esta situación de exceso de partidos nuevos ha creado una desesperación por encontrar figuras políticas que puedan llenar sus cuadros representativos de partido y así conservar el registro; en esta voracidad de encontrar candidatos se suscitan varias situaciones: por un lado se abrió el abanico de posibilidades de acceder a una candidatura y eso ha permitido que cuadros jóvenes o renovados accedan a una candidatura donde su liderazgo y representatividad por fin se ven plasmadas en una boleta electoral; por otro lado las estructuras partidistas que en su afán de consolidarse en el poder, luchan por imponer a figuras o personajes que nada tienen que ver con una carrera política o con la preferencia electoral, únicamente las imponen para consolidarse dentro de la estructura de gobierno y así aumentar su cuota de poder o de consecución política. También estamos viendo la peor de las situaciones y es que, en la desesperación de colocar a personas conocidas por la sociedad, se esté desvirtuando el espíritu de representatividad política y se caiga en otro tipo de personajes que ahora serán políticos, es por ello que ahora veremos a cantantes, cómicos, deportistas, etc., en la boleta electoral.

No es que sea nuevo ver a deportistas como mandatarios, ya hemos tenido esa situación, pero sí se nota ahora un exceso de personajes actorales y artísticos usados como representantes políticos de nuestra sociedad, si bien aceptamos que el gremio de actores y actrices tiene que tener una representatividad, hoy por hoy está muy sobrepasada su presencia en los escenarios políticos.

Es así como esta que debiera ser una oportunidad para la renovación de cuadros políticos, está siendo desaprovechada, pues vemos que las personas calificadas, con preparación y perfil o carrera política son los menos en cuanto a que hay mucho más personas sin preparación, sin conocimiento y sin razón de ser posibles candidatos o ya candidatos a un puesto de elección popular.

Como ciudadanos hay que tener bien claro qué es lo que estamos eligiendo y para qué lo estamos eligiendo, por decir algo, un empresario que es candidato por lo menos sabemos que sabe conducir una empresa y sabe lo que es la responsabilidad de pagar una nómina, impuestos y trabajar, así como si un académico se postula, sabemos que tiene la preparación de sobra y los conocimientos para conducir cierta estructura laboral, un político de experiencia sabrá conducirse con la sociedad y obtener las necesidades y convencer a la ciudadanía de qué es lo mejor que le conviene en pro de la paz de la sociedad, pero ¿Aquellos que no tienen nada de eso? ¿Qué es de aquellos que ni son empresarios ni académicos ni tienen un gran recorrido político en su haber? ¿Qué valores ofrecen a la sociedad a cambio de su voto? En términos cuantitativos, la mayoría de candidatos no ofrecen ni un buen discurso político siquiera, y mucho menos preparación.

Por favor valoremos esto y analicemos muy bien nuestro voto y sus consecuencias, pero más allá de eso, hay que salir a votar aunque sea por su cantante o luchador, pero salga a votar, que la democracia viva se ejerce votando y no sólo opinando.

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