Poza Rica, Ver.-  Al caer la noche, unos niños rapados salían de las alcantarillas bajo la Plaza Cívica y de un refugio bajo el puente de la Colonia Laredo. Se trataba de los integrantes de la llamada banda de los “Pelones”, conformada por menores infractores a los que se les responsabilizó de asaltos, robos y brutales homicidios.

Era la década de los 90´s y Poza Rica empezaba a resentir el desempleo por recortes de personal en PEMEX. El comercio aún mantenía su dinamismo y el centro de la ciudad era bullicioso. Pero, todos sabían que con la noche era mejor no acercarse a la Plaza Cívica, ni a sus alrededores.

La banda la integraban niños de poco más de 7 años y otros no superaban los 17. Solían caminar llevando en la mano una bolsa o envase plástico con solvente o resistol. Se aseguraba que la policía era quien los rapaba para identificarlos mejor, pero también había historias de abusos policiales a los menores.

Dentro de la misma banda había jerarquías y los más pequeños eran los más maltratados. Cada uno tenía un rol y la consigna diaria era salir y conseguir dinero. Si se acercaban y pedían una moneda, era mejor dársela, porque su temperamento explosivo detonaba ante cualquier negativa.

Uno de los jefes policiacos de Poza Rica que intentó mantener a raya esta banda fue Carlos Barragán Pérez. Logró avances pero no pudo desarticular esta organización de pequeños infractores.

Manuel N, era estudiante del CBTis y recuerda el violento ataque que sufrió cuando caminaba por el Monumento a la Madre. En esa ocasión identificó al “Pipiolo”, como el líder que dio la orden para que los menores le propinaran una golpiza y le robaran lo poco que traía.

Las víctimas también recuerdan a otro adolescente conocido como el “Togui”,  quien, junto con un grupo de al menos 8 menores, solía incursionar hasta las inmediaciones de la ESBO, para asaltar a los estudiantes.

Sin embargo, fue el asesinato de un arquitecto, en las inmediaciones de la Plaza Cívica, lo que mostró  el grado de violencia de estos pequeños. Lo mataron a golpes y le asestaron decenas de puñaladas.

Algunos terminaron en centros de reclusión para menores infractores, otros se fueron de Poza Rica y algunos se quedaron, pero la policía fue más severa con ellos.

Los años han pasado y una generación de pozarricenses aún recuerda a la temible banda de los “Pelones”