Los Ángeles.- “No quiero más plegarias. No quiero pensamientos. Quiero control de armas. Espero por Dios que nadie me envíe más plegarias. ¡No más armas!”, clamaba entre lágrimas la madre de Telemachus Orfanos, asesinado a tiros junto con otras 11 personas cuando se divertía en un bar de Thousand Oaks. Irónicamente, él había sobrevivido a otra matanza, la perpetrada en el concierto de country Route Harvest 91, en Las Vegas, donde perecieron 58 personas.

El viernes por la mañana los investigadores todavía trataban de encontrarle un sentido a la matanza. Ian David Long, de 28 años, con cinco años de experiencia militar y un historial de ataques de ira, se presentó en el bar Borderline a las once de la noche del miércoles y comenzó a disparar a sangre fría. Long se suicidó tras ser acorralado por los agentes del sheriff.

El pasado abril, en una de las habituales broncas a gritos de David con su madre, un vecino llamó a la policía. Tras calmarlo, fue evaluado por los servicios de salud mental del condado. No encontraron ninguna razón para tomar medidas.

Brendan Kelly, de 22 años, mostraba a la agencia Associated Press un tatuaje del festival Harvest 91 de Las Vegas, lugar de reunión de fanáticos del country en la costa oeste. “No le desearía a nadie que le pasara una vez. La segunda vez no es más fácil”, decía Kelly. “Los escalofríos te suben por la espalda. No puedes creer que esté pasando de verdad otra vez”.

Además de Kelly y Orfanos, Chandler Gunn dijo a Los Angeles Times que un amigo suyo, que sobrevivió a la matanza de Las Vegas, trabajaba en el bar y escapó por la parte de atrás. En un mensaje de Facebook, una mujer llamada Molly Bauer también dijo que había sobrevivido a los dos tiroteos.

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