Parlamento Veracruz



Cuitláhuac, un hombre honesto

Las Diputadas y los Diputados locales tenemos entre nuestros mandatos legales el de revisar el actuar del Poder Ejecutivo. Justo eso haremos en los próximos días, en los espacios, los momentos y en las formas que señalan las Leyes.

En las próximas jornadas habremos de interrogar a las Secretarias y los Secretarios de Despacho sobre lo que han hecho con su encomienda. El propio Gobernador comparecerá ante el pleno de Diputadas y Diputados y nos explicará cualquier duda sobre el contenido de su Primer Informe.

Así que en esta oportunidad no me enfocaré en analizar su Primer Informe de manera institucional. Ya habrá, como dije, ocasión para ello.

Quiero compartir, en cambio, una reflexión personal sustentada en mi experiencia de 11 meses y medio en los que he coincidido con el Gobernador en nuestros respectivos encargos.

Respetuosos de las autonomías de los Poderes a los que servimos, he tenido la oportunidad de interactuar en muchas ocasiones con Cuitláhuac García.

A pesar del carácter institucional de nuestro intercambio, he podido asomarme a su carácter, a su temple, a la formación que le dieron en casa, a las motivaciones que lo impulsan.

Y me he formado una opinión sobre el hombre, el ser humano, la persona de carne y hueso que ocupa el despacho de la esquina Suroeste del Palacio de Gobierno.

Mi principal impresión de Cuitláhuac García, la que me he construido viéndolo de cerca, conviviendo con él, es que es un hombre de bien, un hombre honesto, muy alejado de los modernos Nerones, Calígulas y Borgias que caminaron hasta hace muy poco por los pasillos de ese Palacio.

No lo mueve la ambición, ni el odio, ni el rencor, ni la vanidad, ni los celos, ni la idea de sentirse  suprahumano.

¿Qué nos puede decir eso de su Gobierno? Yo creo que mucho. La naturaleza humana de quien está investido de Poder permea inevitablemente hacia abajo. Nunca en la historia un hombre ruin ha hecho un buen Gobierno. Siempre que un espíritu pútrido toma el bastón de mando el pueblo sufre.

Por eso pienso que la estatura moral de Cuitláhuac es para nosotros una razón para dormir tranquilos.

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