Por Leonardo Zaleta

Cronista de la ciudad

LAS MIL Y UNA NOCHES.- Escrita en el siglo XIV, esta obra anónima de la literatura universal, consigna que en la ciudad de Persia vivían los hermanos: Kasim y Alí Babá. Al morir su padre, el primero casó con mujer rica y el segundo con mujer pobre. Alí Babá compró un hacha y un asno y se hizo leñador. Andando en el monte vio acercarse a unos jinetes. Desde la copa de un árbol descubrió 40 forajidos. El jefe frente a una puerta disimulada entre la maleza dijo: “¡Ábrete, Sésamo!”. Entraron y descargaron el producto de sus fechorías. Cuando se alejaron, Alí Babá repitió la fórmula y entró a la cueva. Extrajo joyas y monedas de oro y cargó los bultos en su burro. Al llegar a su casa relató a su esposa lo sucedido y le exigió discreción. Repitió su hazaña varias veces.

Pero la ambiciosa mujer se empeñó en pesar la fortuna, y pidió prestada una báscula a la mujer de Kasim; ésta entró en sospechas y le untó cera en la base; al serle devuelta traía pegada una pequeña moneda de oro. Le informó a Kasim.

Al verse descubierto y amenazado, Alí Babá tuvo que confesar la fórmula mágica. El ambicioso hermano fue al escondite, escogió lo más valioso, pero al querer salir había olvidado las palabras clave y quedó atrapado. Llegaron los ladrones y lo degollaron.

Al otro día, Alí Babá encontró el cadáver descuartizado, se lo llevó y le relató a su cuñada lo acontecido. Según la costumbre, en tales condiciones no se podía celebrar el funeral.

Cuando los ladrones descubrieron la desaparición del cadáver, el jefe envió al pueblo a un hombre a localizar y asesinar al intruso, pero fracasó, como castigo fue decapitado. Lo mismo sucedió a otro.

Él mismo, disfrazado de mercader, consiguió posada en casa de Alí. Su recua descansó en el patio, pero la sirvienta descubrió la estratagema y acabó con los 37 ladrones escondidos en odres “de aceite”. El cabecilla huyó.

Tiempo después, disfrazado nuevamente se hizo amigo del hijo de Alí Babá; cuando éste lo invitó a comer a su casa, la sirvienta de Alí Babá lo reconoció y ataviada de bailarina, aprovechando un descuido lo asesinó con un puñal.

Esta historia, parte de “Las mil y una noches”, joya anónima de la literatura universal, no menciona que Alí Babá fuera dueño de una cueva, o que comandara una banda de delincuentes. Es decir, se distorsiona la obra literaria “Alí Babá y los cuarenta Ladrones”. “Los” no es lo mismo que “sus”. Así que aquellos que denuncian las corruptelas en una oficina pública y la etiquetan como “La cueva de Alí Babá”, o se refieren al funcionario como Ali Babá y “sus” cuarenta ladrones, manifiestan ser repelentes a la lectura, y exhiben su palmaria ignorancia. Ah!, se me olvidaba: Sésamo es ajonjolí.

HUMILDE TÁLAMO.- Al iniciar la década de los años 40, hubo un obrero petrolero cuyo nombre se ha perdido, no así su apodo: “El Venado”, porque dicen que se llamaba Venancio, estaba casado y había formado una familia en la colonia Tajín.

De mediana edad, mujeriego como casi todos los petroleros de aquella época, enamoró a una hermosa jovencita radicada en El Huélque, que sucumbió al grito de la carne y el calor. Junto al jacal en que vivían sus padres construyó otro que era el nidito de amor de los tórtolos.

Un día, con motivo de un festejo familiar, después de un buen atracón de mole escanciado con unos topos de refino, el sueño lo atrapó en la chocita que compartía con “su segundo frente”. El buen Venancio se fue al cielo de una sabrosa congestión.

Horas después en la colonia Tajín (distante un kilómetro), su esposa y sus hijos, ya “hombres recios”, recibieron la triste noticia. Alentados por algunos vecinos fueron a rescatar el cadáver. Y sin andar con cortesías entraron a la vivienda, doblaron el catre de tijera en que se estaba velando el cadáver; los dos hijos invadidos por la tristeza se lo echaron al hombro, y uno adelante y otro detrás, emprendieron la retirada con su cargamento fúnebre, más que con vergüenza con coraje.

Cuando le avisaron a la muchachita que en esos momentos estaba con sus padres, lo que sucedía, corrió a toda prisa por la vereda paralela a las vías del trenecito, hasta alcanzar a “los ladrones” y el cortejo se detuvo.

Se hicieron de palabras. La esposa, con el aval de los hijos de mirada furibunda, desenrolló el acta de matrimonio y la esgrimió como argumento contundente. Iracunda ordenó proseguir.

La muchachita de los amores ilícitos se dio por vencida, y entonces, como último recurso les gritó con toda la rabia y el dolor que le oprimía el corazón: “Pues llévense a su muerto pero el catre es mío”.

CAFÉ.- Cuando sus más cercanos colaboradores querían que el Papa Clemente VIII (1592-1605) declarase pecado el consumo de una bebida llegada a Roma desde Etiopía y Abisinia llamada café, probó una taza y dijo gratamente entusiasmado: “Esta bebida de Satanás es deliciosa; no me gustaría dejársela a los herejes. Yo digo que le exorcicemos al diablo y la convirtamos en un elíxir cristiano”. Esta bebida que vivifica el espíritu y alegra el corazón, tuvo millones de adictos en Europa y en el mundo. El primer establecimiento de café se abrió en la calle de Tacuba de ciudad de México en 1786. Los franceses le agregaron leche y azúcar. En 1812 el cántabro Juan Antonio Gómez de Guevara llevó las primeras plantas de café a Córdoba, Ver. Para 1826 había sembrado en la región 500,000 plantas en sociedad con Bernardo Herrera. Soy un adicto que considera que no hay problema que no se pueda arreglar con una taza de café, aromático, caliente y sabroso. Se puede hasta matar el tiempo.

UNA CARTA.- La telenovela “El abuelo y yo”, producida por Pedro Damián, fue transmitida por el Canal 2 de Televisa, en 1983. Actuaron: Jorge Martínez de Hoyos El Mapache, Gael García Bernal, Diego Luna, Ludwika Paleta y Adalbeto Martínez “Resortes”.

Para obtener mayor cobertura, Televisa organizó un concurso entre los alumnos de las escuelas primarias del país, que consistió en elaborar una carta sobre el tema y mensaje de la telenovela.

El grupo triunfador fue el de la escuela Art. 123 “María Enriqueta”. Como premio recibieron la visita del infantil elenco. La chiquillería se volvió loca con los famosos visitantes, y dicen que hasta los maestros no se quedaron con las ganas de que les firmaran unos autógrafos.

CAPACITACIÓN DEL MAGISTERIO.- En 1945, durante la presidencia del general Manuel Ávila Camacho, siendo secretario de la SEP Jaime Torres Bodet, se creó el Instituto Federal de Capacitación del Magisterio. El objetivo era regularizar a los maestros empíricos. Los maestros rurales tuvieron gran acción durante el cardenismo.

Asistían a clases los dos meses de vacaciones escolares (diciembre y enero), durante seis años. Los cursos se impartían en la ciudad de México.

Para tal efecto se publicó una serie de libros de bolsillo con el sello del IFM. Una colección auspiciada por la SEP entre 1944 y 1946 fue la “Biblioteca Enciclopédica Popular”, que editó más de 200 temas históricos.

Diez años después, en 1955, dio inicio la Campaña de Alfabetización para Adultos, en turno nocturno. Los maestros impartían clase gratuitamente, y también hubo ciudadanos que colaboraron recibiendo un diploma de gratitud.

Don Ángel Ceniceros Andonegui, titular de la SEP en el gabinete del presidente Adolfo Ruiz Cortines (1952-58), fue otro gran impulsor de la educación pública en México.