Álamo, Ver.- Ante los protocolos de seguridad que se han implementado en todos los estados de la República debido a la presencia del COVID-19 en el país, familiares de algunas personas que han fallecido en los Estados Unidos o en la frontera norte de México, han manifestado que es una difícil situación a la que se tienen que enfrentar para trasladar el cuerpo de un migrante que ha fallecido por alguna causa que no es COVID.

La problemática para poder trasladar cuerpos, se debe a los procesos para realizar trámites y trasladar los cuerpos es un calvario para los familiares, aunado al dolor que ya tienen que cargar con la muerte de un familiar, lo más fácil en estos casos sería incinerar el cuerpo; sin embargo, hay quienes desean darle cristiana sepultura y se echan a cuestas este compromiso de traslado, sin pensar en todos los problemas que tendrán que enfrentar.

Por citar un ejemplo está el caso de un joven alamense originario de la comunidad Lucio Blanco, con apenas 21 años, Daniel Hernández tenía viviendo un año en Donna Texas y falleció al sufrir un accidente y su familia pidió fuera trasladado el cuerpo a su comunidad de origen, sin embargo, fue este sábado el día que su cuerpo fue sepultado a casi un mes de su fallecimiento.

El joven que apenas tenía un año laborando en los Estados Unidos, lugar donde dejó sus sueños, falleció el 31 de mayo y de inmediato acudieron al área de atención al migrante y se inició el proceso para trasladar el cuerpo hasta este municipio citrícola, el problema es que los movimientos de cuerpos resultan difíciles a consecuencia de la pandemia que existe a nivel mundial, por lo que fue hasta cuatro días antes del mes de fallecimiento cuando fue posible que los restos de Daniel Hernández llegaran a su tierra natal para darle cristiana sepultura.

Para hacer posible el traslado se requirió de forma anticipada que los municipios por donde tendría que pasar el cuerpo lo autorizaran y se conectaran con autoridades americanas para que se procediera al traslado. Por fin, el pasado sábado familiares y amigos que hace un año vieron partir a Daniel para alcanzar su Sueño Americano, lo acompañaron a su última morada.

Por Eloísa Guerrero