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Clementina Monrroy.- La gasolina

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Artículo de Leonardo Zaleta
Cronista de la ciudad

¡Hola, doña Gasolina! ¿Cómo ha estado? ¿Qué dice ese sabroso mole de guajolote y ese chileajo de carne de puerco?

¿Qué quieres que diga el jijo de la…si no tiene trompa para hablar? Al contrario, está pidiendo a gritos una trompa para que se lo trague, porque está como de casamiento.

El burbujeante mole de guajolote, contenido en una enorme cazuelota de Tlaquepaque hacía al hervir un guiriguiri sobre el fogón de leña de laurel, mientras una indita “revestida” aplaudía las bolas de masa frente a un comal de barro traído de Ojital.

El humo del fogón mezclado con el fuerte olor del chiltepín que estaban tostando, hacía que nos escurrieran las lágrimas con los mocos, en el curso de la entrevista.

Doña Clementina, que la “raza” bautizó con el sobrenombre de “La gasolina”, es una de esas mujeres aventureras y mal habladas que han seguido la ruta del petróleo y la del chicle.

De origen chicontepecano, a los 18 años enviudó y después, como dice ella “se tiró a la vida”, yéndose a Cacalilao, cuando el auge del petróleo, poniendo allí su primera fondita.

Más tarde recorrió aquellos campos legendarios de Chinanpa, Amatlán, Mata Redonda,  Juan Casiano, Zacamixtle, Potrero del Llano y Cerro Azul, en todos ellos dándoles de comer a los trabajadores.

Llegó a Palma Sola en 1919, donde conoció a muchos viejos trabajadores que aún laboran en esta ciudad. Más tarde la mandaron a Miahuapan con una cuadrilla de obreros. ¡Qué montañas! ¡Qué soledad! La selva parecía un infierno de víboras y fieras. Allí iban Pancho Neri, Benito Rodríguez, Amado Valdez y el Borrado Vigueras.

“Estuvimos durante nueve meses. Tenía que darle de comer a 40 trabajadores. Se perforaba con pulseta y con bestias; las calderas usaban leña de zapote. Los domingos, para no aburrirnos, organizábamos nuestras pachangas y como yo era la única mujer, tenía que auxiliarme con un cocinero que había conseguido en Pánuco, llamado Lupito, al que disfrazábamos de mujer para que la raza se hiciera las ilusiones de que éramos dos viejas. ¡Hasta se peleaban por él, y nos repartíamos el trabajo, veinte para cada quién!”

“Una vez, la palomilla no tenía dinero y quería vacilar. Entonces, que me encampanan a un gringote al que le decían Yoni, con el cual estuve durante diez días. Todo el dinero se lo di a los muchachos, porque realmente ganaban muy poco y no les alcanzaba para mandarle a sus familias”, recordó.

Llegó a Poza Rica en 1926, con la primera cuadrilla que vino a perforar el pozo No. 6. “Nos venimos a pata desde Palma Sola, porque ‘El Tejón’ y Pancardo quemaron un puente y no podía pasar la máquina”. “Llegando me hice querida de don Goyito Rodríguez, el dueño que era de las tierras de Poza Rica, nada más que luego nos dejamos, porque era muy celoso y naturalmente yo tenía que complacer a toda la “camellada”, menos con los chales porque me dan asco”.

* Se trata de pozo “Poza Rica No. 2” ubicado en la actual colonia División de Oriente, en terrenos propiedad del señor Gregorio Rodríguez; actualmente de sus sucesores.

“El primer baile que hubo en Poza Rica lo hizo doña Tacha García, una señora que vivía en la curva de Coatzintla. Me llevé a todas las gatas que tenía (la primera sociedad), y me tuve que disfrazar de hombre, para que no nos echaran montón en el camino, ya que teníamos que cruzar por el monte alto. Éramos como 12 mujeres para 60  hombres. Allí mataron a un soldado, porque en esa época no había más ley que la del más macho. No se tomaba cerveza sino refino, caña, tequila, mezcal, chínguere, y no había más”.

“No sé cómo me descubrió Juan Fisher que yo andaba disfrazada de hombre. A fuerza quería bailar conmigo, por lo que al ver el peligro, arranqué a correr por el monte, hasta que me alcanzó. Por cierto, no es tan fiero el león como lo pintan”.

Al poco tiempo (doña Clementina) se aburrió y se fue en un enganche para Belice, con una compañía chiclera. Allí pescó el paludismo que hasta la fecha no se ha podido curar, regresando a Poza Rica a fines de 1931. Puso su manteado, con sus cazuelas, frente a lo que después fue la puerta número 1. Allí vendió comida a los primeros obreros que llegaron, cobrando 50 centavos diarios: frijoles, gordas, chile, algún huevito, su trago de caña, y de vez en cuando su “juanita” (marihuana).

En esa fondita comieron muchos obreros que hoy, por cierto, ni le hablan, y otros, por el contrario, son muy agradecidos. La mayoría se fueron con todo y mecate (adeudándole).

Allí comió Luis Milo, Cosme Pantín, Constantino Casanova, don Darío Manzo, Matías Luna, Mario Nolivos, Pepe Galván, los “gallegos” Sáenz, Pedro Messeguer. Esa fonda fue el pie veterano del viejo mercado, cuando la mayoría de los comerciantes hoy en prosperidad vendían caña con soda, otros andaban con su canasta de blanquillos (huevos) y los más, con sus trapitos al hombro.

Allí estuvo, hasta que el difunto Aureliano Perea “guardia blanca” de la Compañía (El Águila) la corrió, porque vendía caña a los trabajadores.

Una vez hizo un baile y como no había orquesta, Adalberto Mancilla quería adaptarle una cuerda de vitrola a un radio, para ver si tocaba, porque este estaba descompuesto y como no pudo, terminó tocando el órgano (la armónica), para que bailaran.

Cuando la huelga de los 57 días (1937) nos dice que perdió ella más que la compañía El Aguila, porque su fonda se la acabaron. Guadalupe Madrigal era secretario general y todos los días iba a ver que no les diera aguardiente a los obreros. Entonces enterró un galoncito y “La cachetona” y otros más tomaban, para que no se diera cuenta, con un hule de lavativa.

Después de que se quemó el mercado (1947), perdió todo lo que tenía y hoy, esa mujer, que debe ser venerada por los obreros petroleros, vive en el más completo olvido, en la galera de las “garnacheras” del nuevo mercado, suspirando por tener, como dice ella, un localito de esos de 90 pesos mensuales.

¡Eso es imposible! En estos años de ingratitudes. Porque pocos son los que sienten y quieren con sinceridad al Poza Rica de ayer, que es de donde nació el Poza Rica de hoy y el de mañana.

oOo

NOTA.-Texto publicado en el semanario “Comentarios” No. 3, el 18 de mayo de 1953, ilustrado con una viñeta de Teodoro Cano. Director.- José A Messeguer. Administrador, Edmundo Cárdenas Alvarez. Redactores: Simón Villegas, autor de la columna Radio Comentarios, bajo el seudónimo de Orejotas,  y Agustín Ochoa Arana, autor de la comuna “Trilogía angular”. Presumiblemente y con fundamento en el estilo coloquial que siempre lo caracterizó, se puede atribuir al profesor Edmundo Cárdenas.

La señora María de Jesús  de Messeguer era la autora de la columna “Para la mujer” bajo el seudónimo de “Chuy”. Poza-Rigrama era el crucigrama  elaborado por Che-món.  (Simón Villegas). Y el cartón de la semana un dibujo de Teodoro Cano.

Algunos datos fueron agregados por el cronista de la ciudad, Leonardo Zaleta, para su mejor lectura.


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ALGO SOBRE EL MONUMENTO A LA MADRE

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Por Leonardo Zaleta.
Cronista de la ciudad.

Salvador Vidargas, el escultor que elaboró el Monumento a la Madre de Poza Rica, nació en San Miguel Allende, Guanajuato, en 1921. Perteneció a una familia de músicos y artesanos imagineros, dedicados a la elaboración de imágenes religiosas policromadas. Dominaba el arte del tallado en madera y el estofado con delgadas láminas de oro, y era un restaurador excelente. Cuando la familia se mudó a la Ciudad de México, su abuelo abrió un taller de escultura y restauración en la calle de Génova, esquina con Paseo de la Reforma. Trabajó para el pintor Jesús Reyes Ferreira, propietario de una tienda de antigüedades. Ahí comenzó el pequeño Salvador a amar la escultura, apoyado por su abuelo. Se apegó a la técnica tradicional y conservadora. Años después, se independizó  e instaló un  taller ubicado en la calle Río Po de la colonia Cuauhtémoc; era un semillero de estudiantes dedicados al tallado y la escultura. Sus primeros alumnos llegaban a las 7.30 de la mañana. Fue un hombre con una vocación depurada para el arte religioso y la restauración. De carácter humilde, paciente y cordial, don Salvador fue enemigo de la vanidad y la codicia. No hacía imágenes para adorno de residencias, prefería venderlas a menos precio a las iglesias, para que la gente les rezara.

Héctor García Solís, estudiante de topografía en la Ciudad de México, y directivo de la Juventud Revolucionaria de Poza Rica, se topó casualmente  con el taller de don Salvador en la capital. Con curiosidad, entró a plantearle la elaboración de un Monumento a la Madre para Poza Rica. Vidargas se entusiasmó. Entre santos y vírgenes, la figura venerable de la madre no se apartaba de su línea creativa.

Héctor, llamado cariñosamente “Popo” durante su infancia en Tuxpan, comentó lo acontecido en su viaje con sus compañeros: Arcadio Cázares Vázquez, Carlos Navarro Portes y Gonzalo Herrera Mar, el primero trabajador petrolero como él, y los dos restantes comerciantes.

Buscaron un terreno céntrico y cuando lo encontraron, Petróleos Mexicanos lo donó. Celebraron un baile el fin de año (1962) amenizado por la orquesta de Evangelina Elizondo en el Salón Corona, con lo que obtuvieron la mitad de los recursos. Pemex prestó el transporte y cuadrilla para trasladar la obra.

El monumento se inauguró el 10 de mayo de 1963, en la convergencia de la Av. Central Norte y el bulevar Lázaro Cárdenas. El maestro Homero Quiroz García pronunció una emotiva pieza oratoria.

El escultor, al ver que no le cubrían el saldo de 30 mil pesos, se entrevistó con el gobernador Fernando López Arias en Xalapa, pidiéndoles que los exhortara a cubrir el adeudo.

El enérgico gobernante que no le tenía buena voluntad a la ciudad de Poza Rica, ordenó al procurador de justicia Amador Toca Cangas, que los llamara la capital y cuando entraron a su despacho amenazó a los jóvenes revolucionarios y monumentales: “O pagan o van a la cárcel”. Fue el lacónico saludo y despedida. El procurador les concedió 30 días para liquidar el saldo.

Héctor y Arcadio, trabajadores petroleros, recurrieron a la Sección 30 para que solventara el adeudo, así fue como conservaron la libertad y el orgullo por haber erigido el Monumento a la Madre.

Don Salvador Vidargas murió en la Ciudad de México, el año 2002. Siempre se expresó con simpatía de los promotores de su obra plástica en Poza Rica, diciendo que eran “buenos muchachos”.


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De los Ángeles a los Demonios. Trascender a través de la enseñanza

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Dra. Denisse de los Ángeles Uribe Obregón

Magistrada del H. Tribunal Superior de Justicia

Desde 1918 se celebra en México el Día del Maestro, fecha instaurada en 1917 por decreto del entonces Presidente de la República, General Venustiano Carranza en conmemoración y gratitud hacia los profesionales de la educación, quienes a través de su trabajo diario forjan el presente y futuro de nuestro país.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo realizada por el INEGI en 2019, en México, hay un millón ciento noventa y siete mil setecientos setenta y ocho personas ocupadas como docentes en educación básica; la Secretaría de Educación Pública (SEP) señala que durante el ciclo escolar 2020-2021 el número de profesores a nivel licenciatura tanto en universidades públicas como en privadas asciende a trescientos sesenta y un mil ciento noventa y tres en todo el país.

La cantidad de maestros en México ha aumentado considerablemente en los últimos años, toda vez que el porcentaje de población que asiste a clases también ha incrementado. De acuerdo con datos del INEGI, actualmente el 94 % de niñas y niños de entre 6 y 14 años de edad asisten a la escuela, mientras que el porcentaje de jóvenes que estudian es del 45 %.

Sin duda, los maestros juegan un papel fundamental para evitar la deserción escolar, ya que, además de cumplir con el objetivo de enseñar, también desempeñan el papel de investigadores, asesores y guías; la motivación y la metodología empleada en las aulas influye exitosamente en los procesos de enseñanza-aprendizaje.

Aunado a estas importantes tareas, desde hace más de un año los docentes se han enfrentado al reto de la educación a distancia, realizando un gran esfuerzo para adaptar los planes de estudio al contexto social de cada uno de sus estudiantes, pues si bien algunos alumnos han tenido la oportunidad de continuar con sus clases en línea, no todos tienen acceso a las mismas herramientas tecnológicas.

De acuerdo con un informe realizado por el Banco Interamericano de Desarrollo y la Unesco, se calcula que en los países de Latinoamérica cerca de la mitad de la población estudiantil se ha quedado completa o parcialmente marginada de la educación a distancia, sobre todo en las poblaciones con mayor índice de pobreza, motivo por el cual en estos lugares el regreso a clases presenciales es urgente.

En este sentido, es preciso reconocer la gestión del Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, así como del gobernador de nuestra entidad, Ing. Cuitláhuac García Jiménez, quienes hicieron posible que los maestros veracruzanos recibieran la vacuna contra el COVID-19 durante el mes de abril, con el propósito de tener un retorno a las aulas seguro, situación que sin duda contribuirá a disminuir el rezago escolar, sobre todo en zonas marginadas.

Ser maestro requiere de vocación, actitud de servicio y mucha responsabilidad, quienes hemos tenido la fortuna de impartir clases sabemos el importante compromiso social que representa la labor docente; sin duda, la mejor manera de transformar a la sociedad es a través de la educación.

Desde este espacio, expreso mi reconocimiento y admiración a nuestras maestras y maestros, quienes se esfuerzan diariamente por sembrar en sus alumnos la semilla del conocimiento, además de motivarlos e inculcar en ellos valores, pensamiento crítico y responsabilidad social, acciones que les permiten  trascender a través de la enseñanza.


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De los Ángeles a los Demonios. Normativa internacional en materia de violencia de género

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Dra. Denisse de los Ángeles Uribe Obregón

Magistrada del H. Tribunal Superior de Justicia

La historia nos ha enseñado que las mujeres y los hombres no siempre hemos gozado de igualdad jurídica, la igualdad en derechos es una victoria relativamente reciente, tanto a nivel internacional como en nuestro país; las primeras generaciones de derechos humanos no consideraron al género femenino, en este sentido se advierte que cuando se comenzó a debatir acerca de los derechos del hombre y del ciudadano, la mujer no estaba incluida.

Las luchas emprendidas para lograr el reconocimiento de los derechos de las mujeres, comenzaron a rendir frutos en el siglo XX a través de la publicación y adopción de instrumentos internacionales que recogieron el anhelo de justicia e igualdad, ideales que con el paso de los años se han incorporado al derecho interno de los estados.

Para entender la lucha de las mujeres por la igualdad y por el reconocimiento de derechos, debemos partir reconociendo que el género femenino históricamente ha sido víctima de discriminación; a la mujer se le discrimina cuando se le brinda un trato diferente y desigual, colocándola en desventaja respecto de los hombres, por lo tanto la violencia debe ser interpretada como una forma extrema de discriminación.

Lamentablemente en todo el mundo las mujeres son víctimas de maltrato, sin embargo, Naciones Unidas señala que en los países de renta baja y renta media la violencia de género es más desproporcionada; en América Latina el 25 % las mujeres sufre o ha sufrido algún tipo de violencia de género.

La Organización Mundial de la Salud estima que a nivel mundial una de cada tres mujeres ha sido víctima de violencia física o sexual desde que es muy joven; el grupo etario como mayores tasas de violencia comprende a las jóvenes de entre 15 y 24 años.

Desde el ámbito internacional se ha entendido a la violencia contra las mujeres como una forma de discriminación por razón de género enraizada en todos los países, por ello uno de los principales objetivos de Naciones Unidas desde la adopción de su Carta Fundacional ha sido fomentar la cooperación internacional para lograr el respeto a los derechos y libertades fundamentales de todos, sin distinción.

El primer instrumento internacional orientado a lograr tal propósito es la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación de la Mujer (CEDAW), aprobada por la Asamblea General de la ONU el 18 de septiembre de 1979 y ratificada por nuestro país el 23 de marzo de 1981; este documento es considerado la carta internacional de los derechos de las mujeres.

La convención consta de 30 artículos, dentro de los cuales se reconocen derechos a la igualdad, integridad personal, participación política, nacionalidad, entre otros; a través de este instrumento los estados partes se comprometen, entre otras cuestiones, a adoptar medidas legislativas para prohibir todo tipo de discriminación contra la mujer y establecer la protección jurídica a sus derechos sobre una base de igualdad con los del hombre.

El artículo 17 de la convención establece la conformación de un Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer, integrado por mujeres de gran prestigio moral; actualmente la destacada académica Leticia Bonifaz Alfonso representa a México dentro de este grupo de expertas.

Las facultades y funcionamiento de dicho comité se encuentran especificadas en el Protocolo Facultativo de la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, adoptado por la Asamblea General el 6 de octubre de 1999 y ratificado por México el 15 de marzo de 2002, este documento constituye una garantía para el cumplimiento de los compromisos y obligaciones adquiridas por los estados.

A nivel regional, la Organización de Estados Americanos (OEA), impulsó la creación de la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer (Belém Do Pará), la cual entró en vigor el 28 de marzo de 1996 y fue ratificada por México el 12 de noviembre de 1998.

La importancia de tal instrumento radica en que es el primer Tratado Internacional en materia de Derechos Humanos que aborda de manera específica la violencia contra las mujeres, consagrando el derecho a una vida libre de violencia tanto en el ámbito privado como en el público a través de la incorporación de mecanismos de protección y defensa.

La erradicación de todas las formas de discriminación en contra de las mujeres representa una de las principales aspiraciones de la comunidad internacional; eliminar las conductas que atenten contra los derechos humanos y los principios de igualdad y la no discriminación debe ser prioridad de todos los estados para construir sociedades más igualitarias y libres de todo tipo de violencia contra las mujeres.


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Cineboc - Mujer Maravilla 1984

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