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Sangre Negra

Juan Javier Gómez Cazarín. Diputado local del Congreso de Veracruz, presidente de la Junta de Coordinación Política

Casi nada empaña la enorme alegría que me invade cada vez que veo ganar a mis queridísimas Águilas del América, pero muchas y muchos de nosotros no pudimos evitar una pequeña punzada de preocupación por la noticia de que una segunda voluntaria de las pruebas de la vacuna contra el coronavirus desarrollada por AstraZeneca y la Universidad de Oxford había presentado síntomas de lo que llamaron “una enfermedad neurológica inexplicable”.

Y es que se trata de la misma vacuna respecto a la cual, México tiene un convenio para producir millones de dosis en conjunto con Argentina “una vez que haya superado las pruebas de seguridad en humanos”. Precisamente es esto último entrecomillado lo que podría estar en la tablita si resulta que la vacuna presenta un fallo.

Podría estar en la tablita o no. Resulta que entre 18 mil personas de cinco países que han recibido la inmunización de prueba no sería descabellado que ocurrieran lamentables coincidencias de enfermedades que no tuvieran relación con la vacuna -por ejemplo, si de repente alguien muere de un infarto o un derrame cerebral que se iba a producir de todas maneras-. Esperemos que sean eso, tristes coincidencias.

Pero por lo pronto, alguien que estaba cerca de mí cuando supimos la noticia dijo: “nos van a terminar poniendo la vacuna rusa”. Lo enunció sin tristeza ni alegría, pero me recordó que entre muchas personas hay una suerte de ánimo adverso a recibir una vacuna que no provenga de las tradicionales fuentes de tecnología occidental. (Por el contrario, el puro nombre de Oxford evoca a una especie de respetabilidad sin cuestionamientos).

Como si hubiera una salvación médica menos deseable que otra, según la bandera o la ideología del país que la produce.

Me acordé de una época en la que la Cruz Roja y el Ejército de Estados Unidos no aceptaban donadoras y donadores de sangre afroamericanos. Y aun cuando lo hacían, esa sangre “negra” era segregada para evitar transfundirla a una persona blanca. Semejante despropósito nos resulta inimaginable en nuestros días -al menos en México-, pero era la normalidad de los prejuicios sin base científica de la sociedad de Estados Unidos de aquella época, hace apenas 80 años.

Lo cierto es que el gobierno del Presidente Andrés Manuel López Obrador, desde hace tiempo nos lo dejó claro: tenemos otras opciones de vacuna de Estados Unidos, China y Rusia. Nos vamos a poner la primera vacuna segura que esté a nuestro alcance sin prejuicios políticos.

Estoy convencido de que británica, estadounidense, china o rusa, bienvenida sea la vacuna que nos saque de esta pandemia que dolorosamente nos ha arrebatado a miles de personas y ha consumido más de medio año de nuestra agenda pública y privada.

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¿Qué está Pasando en Veracruz? Día de Muertos a la veracruzana

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Con festivales, exposiciones, artesanías, gastronomía, rituales y costumbres, es como las y los veracruzanos hacemos honor a los que se nos adelantaron, recreando una festividad hablando de la muerte. En nuestro estado se celebra de diversas maneras en las distintas regiones geográficas.

En el norte de Veracruz, en el municipio de Tempoal se celebra el Xantolo, una festividad indígena que permite convivir algunos días del año a vivos con muertos, con ofrendas a los ausentes y para los presentes, en un ambiente místico, ceremonioso y a la vez de fiesta.

Las fiestas de Xantolo son un festejo que ya es patrimonio cultural del estado y  es considerado uno de los más singulares de todo México, pues incluye el culto de las deidades prehispánicas.

Xantolo es una hibridación del término castellano “Xanto”, referente a santo y del náhuatl “Olo”, que significa abundancia, es decir, abundancia de santos o todos santos. La fiesta de Xantolo es una de las festividades que reflejan y aún conservan muchos elementos sincréticos, es decir, tanto de las raíces indígenas del pueblo como los aportados después de la evangelización.

Muy cerca de ahí, también en la huasteca veracruzana, en el municipio de Tantoyuca desde el 31 de octubre hasta el 2 de noviembre, miles de familias de diversos rincones de la república mexicana y el extranjero acuden para disfrutar de la magna celebración del Día de Muertos; también es conocida como Xantolo misma que es catalogada desde el año 2007 por la Unesco como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad.

En la parte central serrana del estado de Veracruz, se encuentra el municipio de Naolinco de Victoria, lugar rico en tradiciones resultantes de ese proceso aculturativo que se ha desarrollado durante casi 500 años. Para la celebración de Todos Santos se realiza el primero de noviembre una de las actividades más representativas en nuestro estado que es “la cantada”, donde se entonan a capela alabados y alabanzas; dicha costumbre  fue introducida por los evangelizadores franciscanos durante los siglos XVI y XVII, junto con La Loa a San Isidro, pequeña representación versada que forma parte del misional, y que se conserva en la congregación de San Marcos Atexquilapan.

En los municipios de la sierra del totonacapan se realiza el Ninín, que en su traducción al castellano que significa “los muertos”, es la celebración de una serie de ceremonias y rituales mortuorios que viene de épocas prehispánicas, y que fueron enriquecidas al realizarse el sincretismo con los elementos de la cultura española y la fe católica.

En la creencia totonaca el 18 de octubre con la festividad de San Lucas, las primeras almas que llegan son las que murieron ahogados. Vienen del norte, trayendo consigo los vientos y los fríos. A partir de esa fecha se acostumbra a prender cohetes o tocar las campanas tres veces al día para guiar a las almas hacia sus pueblos.

Ya para el 31 de octubre, el altar debe estar armado, vestido y adornado, porque al mediodía llegan las almas de los niños difuntos y se retiran el primero de noviembre al mediodía, cuando vienen las almas de los adultos, quienes se retiran al día siguiente, pero no de manera definitiva.

Los días 8 y 9 de noviembre se celebra el aktumajat u octava, en la que se despide a las almas de los difuntos acaecidos de manera natural. En el mismo altar se colocan ofrendas y se les despide con el rezo de un rosario. Hasta el 30 de noviembre se despide a las almas de los muertos que se fueron de manera violenta. Se encamina al campo santo a todas las almas y se les acompaña con grandes ofrendas, cohetes, música, cantos y bailes.

En algunos poblados, como en el pueblo mágico de Zozocolco de Hidalgo, se realiza el Festival Internacional del Globo de Papel de China, que se elevan con calor y que iluminan el cielo por las noches, mostrándole así a las almas el camino de regreso al cielo.

Otra de las diferencias en cuanto a las celebraciones de Día de Muertos en otras partes del país, es la forma del puchaw o altar de muertos. Este generalmente va colgado en el techo y la tabla es cuadrangular. Es la representación divina de la tierra y se coloca la ofrenda alimenticia llamada chaw.

Sobre el altar se coloca un arco formado con palmas, que representa la bóveda celeste, el lugar donde residen los dioses. Este se adorna con 13 estrellas de palma de coyol, representando a las 12 madres abuelas y al hombre (13 es el número masculino y 12 es el número femenino; sumados dan 25, que es el número de la divinidad).

El altar tradicional totonaco, se divide en tres dimensiones espaciales: la parte debajo de la mesa representa el inframundo, donde habitan los muertos (k’alinin). La parte media es el mundo terrenal o t’iyat y, en la parte superior, se encuentra el supramundo, donde están los dioses (aqapún).

Esto es solo una parte de lo que Veracruz tiene para mostrar al mundo durante los días de muertos, los invito a visitar, conocer y enamorarse de nuestra tierra. Tierra hermosa, tierra ancestral, tierra que nos llena de orgullo a todos los veracruzanos.

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Palabra de mujer

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El impacto de las generaciones en el mundo

Mtra. Lilia Christfield Lugo. Catedrática y asesora de Congreso del Estado de Veracruz.

Identificar y establecer límites generacionales es muy útil para los investigadores sociológicos y antropológicos. Tener información sobre un colectivo, y sobre cómo este interactúa o reacciona a los sucesos económicos, sociales o tecnológicos que suceden a su alrededor es una herramienta muy valiosa.

Hasta el momento existen siete generaciones humanas, se clasifican en periodos de 20 años aproximadamente y ¿ustedes saben a qué generación pertenecen y cuáles son sus principales características? aquí se los cuento:

  1. Generación interbellum (1900-1914)
  2. Generación grandiosa (1915-1925)
  3. Generación silenciosa (1926-1945)
  4. Baby boomers (1946-1960)
  5. Generación “x” (1961-1981)
  6. Generación “y” o millenials (1982-2001)
  7. Generación “z” (2001 a la fecha)

Las tres primeras generaciones vivieron en medio de guerras, represión y crisis. Fueron pacientes, respetuosos, comprometidos y conformistas, callaban las injusticias.

Los baby boomers, la generación más numerosa; son workaholics, no toleran el ocio, la mujer se incorpora al mundo laboral, optaron por tener hijos a una edad más avanzada que sus padres.

La generación “x” es la que ha vivido de todo, como la llegada del internet; en su infancia vivieron en un mundo analógico, y ahora viven en uno digital. Es una generación que transformó costumbres y tradiciones.

Los millennials han experimentado en gran parte la disolución de la familia, los divorcios aumentaron, son hijos de madres y padres trabajadores. Se adaptan a las circunstancias, les interesa mucho la tecnología, son emprendedores, son multitask.

La generación “z” es la primera del siglo XXI, también es conocida como “la nueva generación silenciosa” debido a que surgió en un momento de conflicto mundial (atentados, crisis económica, etc.). Para ellos el mundo está en las redes sociales, son creativos, maduros y autosuficientes. Esta generación prefiere la privacidad, prefieren las aplicaciones que no dejan ver mucho su información personal por ello optan por usar Ask, Snapchat, Secret, Whisper, Instagram, etc.

Como parte de una generación, todas y todos hemos vivido distintas condiciones sociales, económicas, políticas, culturales pero lo importante es como lo hemos aprovechado y superado para seguir adelante con grandes experiencias vividas como miembros de una generación humana, es lógico suponer que algunas han experimentado sucesos más complejos que otras refiriéndose a las guerras, crisis sanitarias y episodios violentos, pero también quienes estamos viviendo en este siglo sin duda pasaremos a la historia como sobrevivientes a grandes crisis de salud (COVID-19), acontecimientos bélicos en el mundo, crisis económicas y sociales, entre otros. Depende de nosotros transitar y ser resilientes ante los desafíos de estos tiempos, para salir airosos ante la adversidad cambiando el destino de nuestra generación.

[email protected] invito a que me sigan en mis redes sociales. Facebook: Lilia Christfield Lugo. Instagram y Twitter:@lilichristfield   Hasta la próxima.

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EL PATA DE PALO

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Por las calles empedradas de Poza de Cuero se arrastraban las pisadas lentas del infatigable pregonero. Terregosas o lodosas, según la temporada, no detenía su camino.

La ruta habitual engarzaba: La vía, la calle principal, la plaza de la congregación, el retorno por la avenida Libertad, el puente de columpio, obligadamente el paso por la orilla del camposanto hasta llegar al “Zumbo” pecaminoso y bullanguero donde fisgoneaba un ratito, los mangos y el kilómetro 52. Ahí concluía la ruta. En tiempos calurosos mitigaba la sed con unos “topos” de caña de esos que raspan el gañote. Prometía no beber, pero se le olvidaba.

Usaba una vieja bocina de fonógrafo de cuerda de aquella época, angosta en la boca y ancha en el extremo; le mandó soldar un asa para manejarla con una sola mano.

Su voz fuerte algo rasposa tronaba en el aire como campana convocante. Era medio gordinflón, estatura regular, prieto, de pelo negro lacio y bigote; cubría la cabeza con un enorme sombrero de zapupe tipo huasteco, sin ribetes, o con uno de palma arriscado al frente con la marca del sudor rancio como cintillo.

Atildado con camisa y pantalón de gabardina color beige o bien uno de mezclilla azul marino descolorido y remendado, el humilde atavío había conocido mejores tiempos. Por ahí iba “El Pata de Palo” bajo el sol maduro o la llovizna acariciante, dedicado al oficio de voceador artesanal.

Dicen que vino de Chontla, lugar de su nacencia; perteneció a una familia con graves dificultades económicas, por lo que su instrucción fue rudimentaria: quiso estudiar para papa y salió camote.

Por los pueblos explotados de la legendaria Faja de Oro, siendo un jovencito se enroló como soldado una temporada; después trabajó como obrero al servicio de las compañías petroleras extranjeras, dedicado a rudas faenas, con el peligro acechando el menor descuido y sobrevino la desgraciadura; un accidente le quebró la pierna derecha y le tuvieron que amputar su carne muerta a la altura de la rodilla. Se quedó sin trabajo y con el fémur al aire. Los patrones, después de mucho repelar, dieron como limosna una bicoca, y algunas personas caritativas le consiguieron en Tampico una prótesis de medio uso a la que pronto se acostumbró.

Cuachando, devoraba brechas y carreteras sin rumbo fijo como impulsado por el viento caliente; poco a poco a su pie vagabundo le fueron naciendo caminos.

Recorría pueblos pero no echaba raíces. Pasó por Tuxpan en los años 1926-28, donde lo impactó el viejo anunciante Chico Balde que promocionaba con una bocina de lata, el cine Álvarez y sus películas mudas. Otro del mismo oficio fue “El Chato”, al que le faltaba un brazo. Tal vez le gustaba el arguende y la bulla, el caso es que la bocina o la discapacidad lo animaron para imitarlos, ¡quien quita y sea buena chamba!

Hasta que en 1930 vino a recalar a esta congregación totonaca olorosa a café, a plátano, a vainilla, a chicharrones los domingos.

El rejuego en la estación del tren de vía angosta en el Km. 52, el animado trasbordo de gente de todos lados lo atrapó. Lo cautivó el paisaje con el río cercano de aguas abundantes y buena pesca, el comercio, la mezcla de razas, la zona roja, y la música festiva. Poza Rica era entonces una insignificante ranchería

La embriaguez le daba valor para maldecir su suerte, y un día se quedó tirado en la calle; fue cuando misteriosamente desapareció la pierna artificial. Otros dicen que la empeñó para seguir la parranda y nunca la rescató. El caso es que se negó a usar muletas o bordón como muchos le aconsejaban.

Mandó hacer con el carpintero una pata de palo en forma de “U” en la parte superior, donde asentaba el muñon; para que no le lastimara le acomodó un cojín de trapos. Con unas correas de cuero enredadas, aprisionaba la madera contra el muslo. Remataba en la parte inferior un taquete de hule de llanta para amortiguar el golpe de la tabla contra el piso.

Hábil y diestro, después de dominar el aditamento se permitía el lujo de correr y hasta bailar.

Al pasar el tiempo formó una familia con la señora Herminia Blanco de la que nacieron 4 hijos: vivían en un cuartito de tarro. Las noches eran alumbradas por velas y candiles. Fue vecino de don Patricio Padilla en las orillas del caserío. Otros fueron: Sóstenes Ichante, Enrique Pérez, Isidro Rivera y Everardo Gómez.

Fue el rey del anuncio a voz en cuello. Entreveradas jugaban con el viento: noticias, ofertas comerciales, invitaciones a la lotería de cartones, bailes, el circo, las atracciones mecánicas, los juegos de pelota y proclamas oficiales.

Con su estrambótica personalidad, captaba la atención de la gente en las esquinas y sitios concurridos, porque en todo tiempo y lugar ha existido la sed de enterarse de noticias, sucesos y chismes.

“Hay que oír al patita”, decían las mujeres, dejando a un lado la batea con ropa mojada, y se asomaban entre las cercas con curiosidad inocultable. Ya viene ese argüendero, decían otros con tirria.

Con su bocina apuntando al horizonte, a todo pulmón, arremetía contra la pachorra cotidiana y desgranaba ofertas, sorpresas y hasta versería: “Una morena me pide, me pide que me la lleve, y yo le digo que no, con qué la tapo si llueve, si hasta el jorongo he perdido, por andar entre la plebe”. Cosechaba sonrisas.

“Ahoy a las 5 de la tarde, el cine Riquelme va a pasar dos películas mexicanas de charros, con bonitas canciones y muchos balazos…”

“En la tienda de don Salomón Alí llegaron unas bonitas telas para vestido, que son sanforizadas, porque no encogen. ¡Váyanlas a ver porque se están acabando!”

“Se les avisa a todos los del ejido Poza de Cuero que este domingo va-ver sesión a las 10 de la mañana en la galera, va a venir un ingeniero de Xalapa…”

Voceaba algún obituario: “A todos los vecinos se les comunica la muerte del señor conocido por el mal nombre de “El chénchere”. Se va a sepultar ahoy a las 5 de la tarde. Hay que acompañarlo, era buena gente”.

Una vez con voz enérgica gritó: “Por orden del ayuntamiento, todos los que tengan burros que los amarren, y los que no, no”

En mala hora, haciendo berrinches, se veía obligado a desanunciar: “Por causas de fuerza mayor no va-ver baile este sábado porque al que toca la corneta lo tumbó un caballo y está grave…”

“Se parrandeó toda la noche y cuando llegó a su casa encontró a aquel que te dije con su mujer en su propio catre…”

Cuando comenzaba el perifoneo, los hombres agrupados en las esquinas suspendían el palique, presintiendo que alguna noticia podía ser de su interés. Algunos salían a la puerta seguidos por su mujer. En la calle los pilcates traviesos y juguetones hacían rueda al huasteco de una pierna. Al que se quería propasar le daba un coscorrón. Una vez que se marchaba, el chismorreo adquiría nuevo brío, ya había material.

En temporada de huracanes, después de una semana de lluvias intensas, amainó la tormenta y una tarde, poseído por las temibles garras del refino, causó alarma cuando ordenó a todos los que vivían en las márgenes del río Cazones y los arroyos afluentes, que se salieran de sus casas porque se había reventado la presa de Necaxa, lo cual resultó una faramalla.

Le vinieron a contar que en Papantla, su homólogo fue Agustín Babas, pero nunca lo conoció.

Para redondear el negocio, repartía volantes de publicidad comercial y vendía el periódico “El Mundo” de Tampico, popular entre los jaibos que en 1933 habían llegado buscando el nuevo paraíso petrolero. Por las deficientes comunicaciones, los ejemplares llegaban con dos o tres días de retraso. Dicen que cuando las noticias llegaban más frescas era cuando los periódicos se mojaban en la plataforma del trenecito Cobos-Furbero.

Se le recuerda como gente de trabajo, a veces hosco, otras gracioso, pero atento y saludador. Nunca fue majadero ni tramposo; fue el primer comunicador social que hubo en Poza de Cuero, y precursor de la mercadotecnia, aunque esta palabreja no tiene traducción en totonaco ni en Tenek. Al “Pata” no hubo quien le hiciera la competencia.

Las vías de comunicación, los programas y noticieros radiofónicos de la capital o de Tampico; la carretera México-Tuxpan inaugurada en 1949; el semanario El Heraldo que circuló el 12 de agosto de 1950, El Diario que data de 1951, y la difusora XEPR fundada en 1953, colapsaron el noble oficio del anunciador de morral, paliacate y sombrero repelente al sol calcinante.

En sus últimos tiempos, mudó su domicilio al próspero campo petrolero de Poza Rica. El rústico juglar sumó a su lista de clientes al cine teatro social de la Sección 30, a los locatarios del mercado Poza Rica, sin menospreciar a los chinos y árabes de la colonia Obrera.

El tiempo se le vino encima, y por mágicas artes, en un terreno propiedad de don Luis Álvarez, cercano a las actuales oficinas de la Comisión Federal de Electricidad, encontró su guarida en una cantina llamada “La sierra nevada”, donde departía con los parroquianos y golfos aficionados a los alegres huapangos que traían a la memoria antiguas querencias.

“El Pata de Palo”, tipo pintoresco de la primera mitad del siglo XX, prestó un invaluable servicio a la sociedad cerca de tres lustros. Los mayores lo recuerdan con simpatía y tristeza, con la misma nostalgia que merecen los arrieros con sus recuas cargando costales, que fueron devorados por el progreso y la modernidad.

El “Pata de palo”, voz inconfundible que se acomodaba entre jacales, calles y patios de este apacible rincón coatzinteco, retornó al silencio eterno en 1956. Se llamó José del Ángel Gea. Mal que les pese, no hubo otro como él.

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